BancosLee en tu Biblia: Juan 1: 43-51

A veces no existen palabras que puedan describir emociones ni sentimientos. Palabras que parecen resonar vacías porque no pueden cobrar la dimensión verdadera de lo que vivimos. Mínimamente mostrando una punta de lo que acontece en nuestras vidas.

Parecía que las palabras en este relato tampoco alcanzaron para convencer a Natanael de que el tiempo de espera ya se había cumplido. Abriéndose así un nuevo espacio a la promesa que decían las Escrituras: El Mesías, hijo de Dios, había llegado abriendo la realidad a una nueva existencia.

En sociedades tan “racionales” como las nuestras si no vemos no creemos, si no tenemos un resultado y una certeza, restamos importancia a lo que se nos dice. Lo de Natanael no fue distinto. Se dejó llevar por sus prejuicios, confiando únicamente en lo que él consideraba como válido. Desestimando que fuera verdad esa buena noticia, descartando que esa alegría pudiera venir de un pueblo perdido, del cuál según él nada bueno podía venir.

Las palabras de Felipe no alcanzaron, Natanael tuvo que ir él mismo, pero el encuentro con Jesucristo fue el que posibilitó mirar con otros ojos y otro corazón la realidad. Siendo este encuentro transformador y donde allí, sí comprendería.

Que en este tiempo en donde andamos a las corridas, de festejos y despedidas podamos tomarnos un tiempo para ser concientes que la promesa se cumplió, y habita en medio de nosotros. A la cual a veces no vemos por los prejuicios y etiquetas que ponemos, pero está más cerca de lo que pensamos…

Alfredo Servetti


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