Encontrar el camino Lee en tu Biblia Juan 3:14-21

En este texto, Jesús repasa la historia de Israel para resaltar la continuidad del plan de salvación de Dios. El pueblo de Israel, de camino a la tierra prometida, cae en desánimo y comienza a mostrarse desagradecido.

Entonces, Dios se apiada y les dice que toda persona que mire la serpiente de bronce, levantada por Moisés, será salvada. Tras recordar esa parte de la historia, Jesús anuncia que él también será levantado para la salvación de nuestros pecados. Es un anuncio de la cruz y en ella recibimos la promesa de perdón eterno.

Dios nos ama tanto, que no nos deja solos ni solas. Prueba total de su inmenso amor por nosotros y nosotras, es que nos entrega a su Único Hijo. Y es que este Hijo nos amó tanto que entregó su vida por cada uno y cada una.

Constituye una entrega gratuita, desinteresada, muestra de un amor infinito y sin parangones.

Jesús da la clave para la felicidad, nos invita a salir del amor egoísta y acercarnos a la luz. Cristo incomoda, no deja indiferente a quien le ha experimentado. A su vez, llena el corazón de satisfacción. Nos bendice con su luz. Pensemos en nuestra vida, en estos días transcurridos, tan sólo de esta semana, en lo que hemos hecho y dicho. ¿Son nuestras actitudes y palabras reveladoras de la luz de Dios?

Desde el versículo 1, contemplemos la escena en la que Jesús habla con el fariseo Nicodemo, un principal entre el pueblo judío. Observemos el cariño con el que Jesús le instruye. Miremos a los dos charlando, escuchemos lo que Jesús dice. Fijémonos en los sentimientos que se remueven en nuestro interior.

Hablemos con Dios, Padre y Madre, y desde la confianza de quien nos escucha y respeta. De quien nos entiende y sabe todo de nosotros y nosotras. De quien nos ama. Presentémosle lo que nos limita, nuestras frustraciones, nuestros desánimos, nuestros obstáculos, nuestra voz. Todo aquello que nos impide sentir la inmensidad de Su Amor . . . Pidámosle, una y otra vez, una profunda renovación interior.

‘Señor, hazme una luz para el mundo . . .’

Pastora Nora Justet


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