Camino Lee en tu Biblia: Marcos 6:1-13.

“No hay profeta sin honra sino en su propia tierra, entre sus parientes y en su casa.”

En los relatos de los Evangelios la presencia de Jesús, sus palabras, sus hechos, conmueven siempre a quienes son testigos. Sea que crean o se escandalicen, lo seguro es que nadie queda sin reaccionar. Los ejemplos son muchos y tú que lees esta reflexión podrás citar algunos más. Pecadores que son recibidos y perdonados, ante lo que, otros, considerados justos, ponen el grito en el cielo por la actitud transgresora de Jesús. Jefes de familia que se alegran porque Jesús entra en sus casas y hasta come con ellos, y fariseos que comentan: “este come y bebe con rameras y publicanos.”

Nadie que irrumpa en la Historia con un mensaje profético recibirá aprobación unánime. En todo caso quienes reciben unanimidad difícilmente estén interpretando correctamente el mensaje del Evangelio. El mensaje de Jesús inquietaba a unos y animaba a otros ¿Qué sociedad puede permanecer indiferente ante su mensaje? Su mensaje de vida nueva y abundante por gracia de Dios, sin distinciones fue rechazado. No solo por los suyos. En todo caso también llegó a ser “su propia tierra” el pueblo y las autoridades de Israel y del Imperio que levantaron la cruz sobre el Gólgota ¿Y hoy día, cómo reaccionamos?

La predicación profética de Martin Luther King y de Oscar A. Romero también recibieron admiración y rechazo ¡En su propia vecindad! Pero fue esa palabra sembrada en muchos corazones y mentes que hoy sigue latiendo. El Reino está más cerca donde esas vidas se recuerdan y reviven.

Señor, gracias por tantos “profetas sin honra en sus propios pueblos” que siguen apareciendo hoy.

Hugo Gonnet, pastor emérito.


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