Milton Mejía “Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo.” Romanos 15:13

Agradezco a Dios y a la Junta Directiva del Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI) por esta oportunidad de servir como secretario general de este organismo ecuménico. Gracias a todos los amigos, amigas, hermanas y hermanos de diversas iglesias y organismos ecuménicos que son miembros, cooperan y mantienen relaciones con el CLAI, a mi familia, así como compañeros y compañeras de organizaciones y redes sociales que han enviado saludos y expresado su compromiso de orar, acompañar y ser parte de este caminar que he decido asumir.

Al recibir la noticia del nombramiento para servir en esta posición en el CLAI recordé mis inicios en el movimiento ecuménico. A mi memoria regresaron los primeros años de la década de los ochenta, del siglo pasado cuando con algunos pastores presbiterianos participaba en talleres de CELADEC y el CLAI. En Colombia no había miembros de estos organismos, las autoridades nacionales de la Iglesia Presbiteriana no autorizaban nuestra participación en los talleres y lo hacíamos a nombre de iglesias locales que tenían pastores abiertos al ecumenismo.

Recuerdo del CLAI, de manera especial, los talleres de evangelización que ofrecía Juan Damian, las Cartas Mensuales de Evangelización que recibía y utilizaba (aun las mantengo en la biblioteca familiar) para trabajar con el grupo de jóvenes y en la escuela dominical en la iglesia. Estos talleres y materiales renovaron y contribuyeron en la forma de entender, enseñar y vivir el evangelio que ha guiado mi compromiso cristiano, la vocación pastoral y me permitieron ser parte del equipo que trabajó para que la Iglesia Presbiteriana de Colombia se hiciera miembro del CLAI y del Consejo Mundial de Iglesias. Hoy la gracia de Dios, la experiencia y el aprendizaje ecuménico que he tenido me desafían para que desde la secretaría general del CLAI siga aportando a un ecumenismo comprometido con el anuncio y la vivencia del evangelio como esperanza y buenas noticias de paz y justicia para todos los seres humanos.

Vivimos tiempos diferentes a los primeros años de la década de los ochenta con problemas que se han incrementado, nuestros países e iglesias viven nuevas realidades regionales y globales donde Dios nos sigue llamando a fortalecer la unidad y el compromiso de dar señales de esperanza para responder a las diversas crisis que experimentamos. En las últimas décadas estas crisis se han manifestado de manera constante en lo económico, lo cual ha incrementado la pobreza de millones de personas no solo en el sur sino en los países del norte que ha afectado nuestras iglesias e instituciones hermanas en la región y en todos los lugares de nuestro planeta. Los efectos del calentamiento global y la crisis climática los sufren de manera alarmante las comunidades más vulnerables en nuestros países y los hemos empezado a experimentar con más fuerza en la vida cotidiana. El modelo de sociedad y relaciones que hemos construido en los últimos siglos incrementa la violencia, la desesperanza, deshumaniza, crea crisis de fe y de dar sentido a la existencia humana que pone en riesgo a la misma humanidad.

Ante esta realidad, el CLAI necesita asumir nuevos desafíos para seguir respondiendo al llamado de Dios con una esperanza renovada que fortalezca la unidad de las iglesias y las organizaciones ecuménicas que lo conforman para articularse con movimientos sociales que trabajan en alternativas de vida digna para los seres humanos y su creación. Para hacer esto posible la última asamblea del CLAI en la Habana, acordó que es necesario renovar su misión y estructura de funcionamiento que le permita tener mayor impacto e incidencia en los nuevos tiempos y realidades que vivimos. De esta forma podremos contribuir en el fortalecimiento de un movimiento ecuménico amplio, flexible, más ágil y creativo que promueva las articulaciones locales y nacionales con lo regional y global. Así tendremos mayor posibilidad de un testimonio profético que movilice a los miembros de nuestras iglesias y la formación de un liderazgo que trabaje en la incidencia para incrementar la esperanza, el respeto de la dignidad humana, el cuidado de la creación, a partir de una fe viva y renovada en nuestro común Dios.

Hermanos, hermanas, amigos y amigas para quienes hemos tenido una formación y estamos sirviendo al movimiento ecuménico es de mucha alegría contribuir para que nuestras iglesias,partir de su gran diversidad, trabajen unidas en un testimonio común. Sabemos que esto es un gran desafío que implica mucho trabajo, por esto les invito a seguir orando para que juntas como iglesias y organismos ecuménicos fortalezcamos el compromiso que permita al CLAI seguir siendo vigente como una expresión renovada, viva, creadora, articuladora y solidaria de la familia ecuménica que esté guiado por el espíritu de Dios y la esperanza que nos anunció y vivió Jesús.

Rev. Milton Mejía
Secretario General


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