Marilín

Marilín Ruth Dalmas Malan

Entrevista a Marilín Ruth Dalmas Malan, quien viajó a Paraguay como parte del proyecto de intercambio con la Comunidad Aché y la Iglesia Valdense de Paysandú.

¿Quiénes participaron en esta oportunidad?

-Participamos en total diez personas de las comunidades de Fray Bentos, Chapicuy y Paysandú. El grupo fue muy heterogéneo, tanto en edad (de 14 a 70 años), sexo, como en procedencia: campo o ciudad, entre otras. Esto desde ya fue un desafío y una experiencia muy rica en la convivencia conjunta. Un hermoso grupo humano, muy disfrutable…

¿Cuál fue el objetivo de esta visita?

-La visita a la comunidad Aché de Puerto Barra (Paraguay) es una más de las actividades en el marco de un proyecto presentado en 2012 por la Iglesia Valdense de Paysandú. En 2012 se realiza una visita a Paraguay por parte de integrantes de esta comunidad, tomando contacto con el misionero Bjarne Fostervolt y la familia valdense de Eduardo Bertinat y Ana María Porro, quienes hace más de 30 años se trasladan a vivir al Alto Paraná y toman contacto con esta comunidad Aché.

El proyecto tenía como objetivo central un intercambio de conocimientos y culturas: que integrantes de la comunidad Aché vinieran a Uruguay a compartir una experiencia productiva y por otra parte, que integrantes de la Iglesia Valdense pudieran conocer la realidad de los Aché en Paraguay. El primer objetivo tiene que ver con el gran desafío que tiene el pueblo Aché de adaptarse a la inminente realidad de pérdida de casi la totalidad de áreas forestadas de la región. Los Aché hace relativamente pocos años (unos 40) que salieron del monte, donde tenían una forma de vida basada en caza, pesca y recolección. Al talarse todos estos montes, su medio de vida ha ido desapareciendo y para subsistir debieron sedentarizarse e incorporar prácticas que para ellos eran y son extrañas. Si la comunidad Aché no logra incorporar otras formas de producir para su subsistencia en esta nueva realidad, existiría el peligro de perecer o empobrecerse sin la dignidad de proveerse de su propio sustento como siempre lo hicieron. A eso se debe la acción misionera de la familia Fostervolt desde hace casi 50 años, de varias otras personas y de la comunidad misma. Aportar a este proceso fue una de las ideas de este proyecto pensado en Paysandú; además de conocer toda su historia y su cultura, la cual ha sufrido grandes injusticias por parte de nuestra civilización occidental.

¿Cómo fue la llegada, el recibimiento?

-Reconozco que, personalmente, tenía la incertidumbre sobre cómo nos iban a recibir, cuánto sabían de nosotros y cuál sería su apertura. La verdad es que la sorpresa fue super positiva, tanto en el primer recibimiento como en toda la convivencia con la comunidad. Llegamos un sábado a altas horas de la noche y aún así fuimos recibidos por representantes de la comunidad Aché y por los profesores paraguayos que allí viven; ¡incluso con una rica cena! Proliferaron por siete días los apretados abrazos que los y las aché tienen como saludo fraterno, sus amplias sonrisas, su amabilidad, sus dulces cantos y juegos, sus testimonios de vida. Con algunos comenzó una amistad que ahora sigue a través de las redes sociales ¡sobre todo con los más jóvenes!

¿Qué actividades compartieron y qué propuestas les llevaron ustedes?

-Nuestra visita fue en carácter muy abierto, ya que no teníamos claro cuánto se esperaba de nosotros. Llevábamos algunas ideas, pero sobre todo ganas de conocer esta cultura y este pueblo. El contacto cotidiano, con gran espontaneidad fue muy enriquecedor. Participamos de dos reuniones con jóvenes con intercambio de cantos y juegos, dos actividades con los niños y niñas donde además de cantar y jugar pudimos realizar plástica y reflexión sobre el cuidado del medio ambiente y la naturaleza de la creación. Pudimos recorrer el predio y todos sus espacios productivos: huerta, apicultura, piscicultura, tambo, agricultura, cría de animales, artesanías. Si bien existen todos estos proyectos productivos, es visible la dificultad de llevarlos adelante en forma continua en algunos casos; tanto por un tema de hábitos diferentes a su cultura originaria, como también por la intervención de muchas personas que a veces son en tono positivo y otras no tanto…
Otras de las actividades fueron: colaborar con tareas de la escuela, charlar con misioneros, profesores y escuchar testimonios de integrantes de la comunidad que nos ilustraron su cultura, costumbres, historias. También participamos del culto dominical, un almuerzo comunitario, cena comunitaria en despedida de nuestro viaje y ¡hasta practicamos con el arco y la flecha! Pudimos visitar a Eduardo Bertinat y Ana María Porro, uruguayos vinculados a nuestra Iglesia que viven en la zona y que ya mencionamos antes.

¿Algún hecho para destacar de tu experiencia allá?

-Lo que siempre nos queda en el recuerdo racional y emocional son los apretados abrazos de todos y todas las integrantes de la comunidad y sus dulces cantos. Pudimos conocer a personas que naturalmente tenían la bondad en su propio ser; no pudimos captar ningún pensamiento ni actitud egoísta o negativa; ningún gesto de violencia; siempre dando su cariño a los demás. Y esto lo vivimos los siete días que convivimos en la propia comunidad.

Otra cosa que nos llamó la atención pero es algo que sucede en Paraguay como país, es la mezcla de lo religioso y lo político partidario; una conjunción que para la cultura uruguaya es muy extraña. En el culto del domingo por ejemplo, participó el candidato a Intendente del Distrito de Naranjal, ya que en el mes de julio se realizaban elecciones internas para este cargo y ese sector lleva consigo un integrante de la comunidad Aché de Puerto Barra como candidato a concejal. Luego del culto participamos de un almuerzo comunitario que era brindado por ese candidato, el cual si bien es nacido en Paraguay habla portugués. El Alto Paraná es una zona con muchos inmigrantes brasileños y sus descendientes que han comprado enormes extensiones de tierra para producir. En las ciudades también predominan comercios de brasileños.

Finalmente, otra tema a destacar es un hecho que nos llamó mucho la atención que es la forma en que se tratan los residuos no orgánicos. Dentro del paradisíaco entorno natural, encontrábamos en todos sitios nailon, plástico, y otros; a veces amontonados, a veces en grandes pozos. No existe en Puerto Barra una política de gestión de residuos, no discriminando lo orgánico de lo no orgánico. Visualizábamos que así como en su historia los residuos que tenían se tiraban en cualquier lado porque pertenecían a la naturaleza, al integrarse a otro modo de vida, lo no orgánico o producido por el ser humano (plástico, nailon, etc), tiene el mismo tratamiento. Por este motivo, intentamos generar en la instancia con los niños y niñas la reflexión sobre el cuidado de la naturaleza y la creación. Allí descubrimos que en el idioma Aché no existe el concepto de basura. Este seguro será otro de los desafíos como comunidad…

¿Cómo continúa este proceso?

-Por nuestra parte deseamos hacer conocer en nuestras comunidades esta experiencia para poder abrir nuestros corazones a otros pueblos que han vivido dificultades estructurales que han puesto en peligro su existencia. Esta historia que no es del siglo de la “conquista”, ni siquiera del siglo de la creación de nuestros países sino de ahora mismo, “en pleno siglo XX”, dijera la canción de Amparo Ochoa…En la reciente década del 70´ hubieron personas con poder que quisieron barrer con esta cultura así como con tantas otras en la historia de la humanidad; culturas “no redituables” y no funcionales a su sistema egoísta. Este mundo es para todos y todas y la apuesta es lograr una convivencia en el amor al prójimo, pensando en el mayor bienestar general; eso es el espíritu del verdadero cristianismo y por eso estos pueblos se han adherido tanto a este mensaje porque también les pertenece; porque es de todos y todas sin distinciones.

Y como Iglesia Valdense creo que podríamos generar más intercambios, pero sobre todo desde nuestras comunidades rurales, donde se pueden contar experiencias familiares y grupales de producción que puedan fortalecer al pueblo Aché en su lucha por subsistir. También el desarrollo de un intercambio en lo que tiene que ver con el canto sería sumamente enriquecedor, o con grupos de jóvenes. Son un pueblo muy permeable y eso es algo sumamente positivo en estas instancias (también negativo cuando malas intenciones quieren ingresar a ellos…).

Si bien esta experiencia se inicia en Paysandú, creo que se debería abrir a otras comunidades que tienen muchas cosas que transmitir en este sentido. Me dirijo a la Mesa Valdense; a la Comisión de Voluntariado; me dirijo a la Coordinadora de la Actividad Juvenil; me dirijo a todos los y las integrantes de nuestra Iglesia Valdense invitando a generar nuevas experiencias con esta comunidad.

Y para terminar decir que más allá del idioma, la oportunidad de intercambio que nos brinda la unión en la creencia en un mismo Dios y en Jesús es maravillosa.

Entrevista: Secretaría de Comunicaciones (VB)


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