IGLESIA EVANGÉLICA PRESBITERIANA – CHILE

Aunque el mal a menudo parece dominar Dios es aún el Señor y Jesús la única cabeza de la Iglesia.

Carta del Moderador

Estimados hermanos y hermanas en Cristo reciban un fraternal abrazo.

Estamos en una época de celebración patria ambigua. Hay tiempo es que se nos hace necesaria la alegría del Señor que viene a nuestra ciudad, para confirmar nuestro compromiso con el Maestro, compromiso al que hemos sido llamados. Compromiso de acompañarlo, como aquellos que caminaban con El de ciudad en ciudad anunciando las buenas nuevas del Reino de Dios.

Una vez más la naturaleza del territorio que habitamos nos ha puesto a prueba. Son varias las situaciones que nos han afectado este año, y años previos como pueblo, y como Iglesia. Es casi parte de lo diario y cotidiano enfrentar tragedias naturales que se repiten. No cabe duda que ese contexto geográfico y natural es parte de los múltiples factores que ayudan a conformar el carácter nacional.

Amar la Patria, o ser patriota es precisamente ese afecto que surge entre un pueblo organizado y el territorio en que vive con sus características, desafíos y problemas, y que contribuye a formar su carácter e identidad. Afecto que debería expresarse en el especial cuidado de esa naturaleza y quienes la habitan, puesto que progresivamente con el tiempo forman una unidad pueblo y geografía. No va con esa identidad la actitud depredadora de la naturaleza que nos acoge, no va con ese afecto la intención de adueñarse de ese territorio como si fuese una propiedad para explotar, y de uso exclusivo, sino una espacio y riqueza para compartir con todo el pueblo, como compartimos el pan que está en la mesa, con los que no tienen pan, y como ella misma nos acoge nos prueba y nos forma. Si, podemos confiar en ese
Dios providente que nos ha dado la oportunidad de vivir en este lugar con sus benéficos dones y con los desafíos que nos impone y nos enseñan a ser fuertes, capaces de levantarnos una y otra vez, solidarios y hermanos.

Podemos confiar en que ese Dios providente nos guiará para encontrar caminos de superación y de aprendizaje para llegar a ser un pueblo que vive en los valores del evangelio de justicia, paz, mutua consideración, respeto y reconocimiento; podemos orar por ello, y colaborar en la medida de nuestras fuerzas.

No nos ha llamado el Señor a quedarnos rezando en los templos llenos de temor y desconfianza. Nos ha llamado para ir con El de ciudad en ciudad anunciando el reino, sanando a los enfermos, alimentando y acogiendo a los necesitados y los más pequeños aún cuando nosotros mismos seamos pequeños. Y al hacer esa tarea podemos confiar en que El proveerá lo que es necesario, haciendo fructificar el esfuerzo de nuestras manos.

La realidad y desafíos que vive en estos momentos nuestra patria, con crisis diversas, requiere de la Iglesia una actitud de disponibilidad al servicio del Señor en diversos frentes: sirviendo al prójimo necesitado en los desastres naturales, actividad persistente en el cuidado de la naturaleza que nos ha sido concedida, compartir solidario con quienes buscan entre nosotros nueva vida, Procuremos como Iglesia responder al llamado del Señor a seguirle en donde surja la necesidad de seguirle, capacitándonos y organizándonos para ser capaces de responder pastoralmente y con eficiencia en los momentos de crisis y angustia causadas por estas emergencias.

El Señor de nuestras vidas y de la Iglesia cumpla en todo, y especialmente en nosotros, su propósito.

Rvdo. Dr. Jorge Cárdenas Brito
Moderador, Sínodo en Renovación; Iglesia Evangélica Presbiteriana.


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