DSCN5373 Lee en tu Biblia: Marcos 12:28-34

Jesús le respondió: «El más importante es: “Oye, Israel: el Señor, nuestro Dios, el Señor es uno.” Y “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas.” El segundo en importancia es: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” No hay otro mandamiento más importante que éstos.» (Marcos 12,29-31)

Hoy en día uno de los grandes males de nuestra sociedad es el problema de la depresión en los jóvenes. En gran medida producida por la constante presión de perfeccionismo y superación a las que se ven sometidos bajo amenaza de ser marginados, desplazados del mercado del consumo, de su trabajo, por no considerarse competitivos, capaces, efectivos, realizados en todos los aspectos incluso los más íntimos, etc.

Si en esta situación agregamos como otro requisito más el deber del mandamiento de amar a Dios y amar al próximo, el resultado puede ser más frustrante aún y hasta catastrófico.

Aclaremos entonces, que el amor a Dios y al prójimo que expresa el mandamiento, no es algo que tengamos que agregar a nuestras expectativas y obligaciones diarias, para muchos, ya sumamente pesadas. Se trata más bien del amor que Dios en Cristo nos brindó primero. Se trata de corresponder en Dios y en nuestro prójimo con todo nuestro ser y con suma humildad, a la compasión que Dios tuvo primero con nosotros en Cristo Jesús para perdonarnos y reconciliarnos sin que lo mereciéramos.

Se trata de correspondencia a una amistad y una solidaridad que nos viene ofrecida y otorgada, ya no entonces una carga más, sino disposición y liberación compartida para una vida nueva.

Hugo Armand Pilón


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