y hubo fiestaLee en tu Biblia: Juan 2:1-11

En nuestra cultura latinoamericana la fiesta es fundamental para la vida. Las fiestas de pequeños logros y eventos o de grandes acontecimientos van marcando nuestras vidas. También sus ausencias nos dejan dolorosas marcas. La fiesta es tan necesaria como la vida misma. Es más, creo que muchas vidas se sostienen en medio de tantas privaciones y dolores gracias a las fiestas.

La fiesta no es para levantar el ánimo, ni para artificialmente crear algo por lo que festejar. Esas son fiestas de mentira.

La fiesta, en este texto y las que me gustan, son aquellas que hacen un alto en el camino y aún en medio de muchas limitaciones, dificultades futuras e incertidumbres festejan. Se hacen un tiempo para mirar a Dios y celebran “la camisita limpia”, un nacimiento, un amor, un logro, un encuentro, etc. No se dejan apurar por la escasez y desde la nada se multiplican panes y peces. No se apuran a prepararse por el próximo logro a obtener o por la próxima experiencia para celebrar sino que lo alcanzado, lo vivido es por ahora suficiente para festejar.

Dios bendice esa fiesta, habla bien de ella, la reconoce, se suma a ella, la celebra. Es más Jesús posibilita esa fiesta transformando el agua en vino.

La fiesta abre como una brecha en la vida compleja y crea un tiempo distinto, de abundancia (¡como quinientos litros de vino suman las 6 tinajas!) y Jesús vino a traernos vida en abundancia. Eso merece celebrarse y festejar.

Darío Barolin


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