Tapa abril 2016

Apuntes de la Directora

La ilusión de ser libres en un mundo consumista

Como decía en la editorial pasada, cada 17 de febrero se celebra la concesión de derechos civiles y políticos a muchas minorías sociales, parte importante de nuestra historia. Hoy, sin lugar a dudas, tenemos más leyes que amparan nuestra libertad como seres humanos, pero aun así ¿somos libres?…

Sí, soy libre -fue mi primer pensamiento-, aunque pensándolo bien no tanto, entonces no soy libre, concluí.

Pienso en todas las problemáticas sociales que me dicen mirándome a los ojos y de frente que no somos libres, y que los/as dueños/as de nuestra libertad son los/as que más tienen. Pienso en cada vez que miré a quien necesitaba ayuda y seguí mi camino, haciendo de la indiferencia algo corriente. Pienso en cada vez que de mi boca salió algo hiriente o poco constructivo y recuerdo que soy presa de mis palabras. Sigo pensando en cosas que hice o dejé de hacer que me dicen que no fui ni soy libre…

Un ejemplo claro: en la ciudad de Paraná hay una pareja sin hogar muy conocida por los y las vecinos/as, son madre e hijo que recorren toda la capital entrerriana agarrados de los brazos, supongo que el hijo ayuda a caminar a su madre que ya es anciana. Pero a pesar de las necesidades, de las batallas que seguro pelearon juntos, ellos siguen aferrados el uno a la otra por las calles de su ciudad. Una noche, mientras volvía a mi casa, los crucé en el camino y me dije ‘les tengo que dar algo’, tenía una manzana y un poco de plata. Cuando los miré, sentí una vergüenza que no se compara con nada de lo que viví. Estaba frente a una mujer que podía ser mi abuela, una mujer con una vida encima, flaca, con los ojitos hundidos, llevando sólo lo puesto pero con una sonrisa enorme.

Él, evidentemente también sintió vergüenza porque no podía mirarme mucho tiempo a los ojos. Después de agradecerme con la mirada, ellos siguieron su camino con el mismo paso cortito pero firme con el que día a día transitan la ciudad… pero a mí me cambio ese encuentro, principalmente cuando me di cuenta que ellos ya tienen lo más importante: amor, el sentimiento que se tienen me conmocionó tanto que entendí que mi ayuda fue material, y quizás ellos no la necesitaban como yo pensaba, quizás ellos necesitan que alguien les preste atención, que los escuche, que los acompañe en su camino, que les regale un poco de su tiempo… volví a mi casa avergonzada porque fui una consumista más… Lo bueno es que aprendí que lo material no es lo más valioso que tengo para dar, eso es lo que me desafía constantemente. Esta historia reafirma que no soy libre, pues lo primero que pensé fue en dinero y cosas materiales que me atan a una vida regida por el consumismo diario. Imagino que como a mí, a muchos/as les pasará.

Todo lo vivido significa aprendizaje, si nos equivocamos a veces aprendemos el doble, si hicimos algo bien debería significar que la próxima lo haremos mejor. Esa educación que continuamente nos da la vida es lo que, en parte, nos hace libres. Los desafíos, la reflexión, la crítica y autocrítica representan el camino de la libertad, hacia donde vamos y quienes queremos ser, pero cuando el conformismo llega, debemos movernos, debemos cuestionarnos qué falta por hacer, debemos desafiarnos…

Pienso que la clave para poder pensarnos libres es seguir en la búsqueda, nunca terminar de aprender, enfrentar cada día el desafío de valorar las pequeñas y simples cosas que nos hacen libres, no de forma individual, sino buscando que mi hermano y mi hermana puedan sentirse libres también. Ese también es un desafío como comunidades cristianas, lograr que todos y todas, sin imposiciones, seamos libres.

No quiero dejar pasar este espacio sin compartirles un fragmento de una entrevista entre Eduardo Galeano y una periodista, Ima Sanchís, publicada en un diario catalán hace algunos años. Allí conversan sobre las preocupaciones del mundo actual, que también son las nuestras.

¿El prójimo es el enemigo?
Sí, somos una civilización de soledades que se encuentran y desencuentran continuamente sin reconocerse. Ese es nuestro drama, un mundo organizado para el desvínculo, donde el otro es siempre una amenaza y nunca una promesa.

¿Qué nos hace libres?
Los desafíos que uno enfrenta cada día son los que te abren una rendija para elegir entre la dignidad y la obediencia. Libre es el que es capaz todavía de elegir la defensa de su dignidad en un mundo donde, quieras o no, en algún momento tendrás que tomar partido entre los indignos y los indignados.

¿Cómo averiguar si uno está vivo o es un muerto viviente?
Habrá que preguntarse hasta qué punto soy capaz de amar y de elegir entre la dignidad y la indignidad, de decir no, de desobedecer. Capaz de caminar con tus propias piernas, pensar con tu propia cabeza y sentir con el propio corazón en lugar de resignarte a pensar lo que te dicen.


La mayoría trabaja a contracorazón y termina viviendo una vida que no es la suya por las necesidades materiales, y eso es lo que hace que algunos no se den cuenta de que murieron hace muchos años, la última vez que fueron capaces de decir no.

¿Qué faceta humana nos destruye?
El conformismo, la aceptación de la realidad como un destino y no como un desafío que nos invita al cambio, a resistir, a rebelarnos, a imaginar en lugar de vivir el futuro como una penitencia inevitable.

Y eso hay que hacerlo en compañía.
Sí, en solidaridad, que es un sentimiento horizontal. La caridad es vertical y no me gusta. Hay un viejo proverbio africano que dice que el que da está siempre por encima de la mano que recibe. De hecho, nuestros antepasados sobrevivieron porque supieron repartir la comida y defenderse juntos.” *

Daiana Genre Bert

*’Confundimos la grandeza con lo grandote’, Ima Sanchís, 25 de mayo de 2012. Disponible en www.lavanguardia.com/lacontra/20120525/54299733087/eduardo-galeano-confundimos-la-grandeza-con-lo-grandote.html

Fe de erratas: en la página 2 de la edición Febrero- Marzo dice ‘recordamos cada 17 de febrero la concesión de derechos civiles, políticos y religiosos’, debe decir: ‘recordamos cada 17 de febrero la concesión de derechos civiles y políticos’.


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