La historia de los valdenses como movimiento y como iglesia es muy extensa, difícil resumirla porque se encuentra atravesada de dolores y alegrías, de derrotas y logros. Historia de una gran riqueza, cargada de testimonios que fueron y son de inspiración, orgullo de muchos de quienes de alguna manera u otra se sienten parte de esta comunidad de fe. Una comunidad que a pesar del desgaste y de la desesperanza, ha tenido como pilar la fe, con la que pudo sobreponerse a las adversidades que se le han presentado en el camino.

La identidad valdense surge como respuesta y movimiento en una sociedad medieval muy alejada a lo que es nuestra sociedad actual. Proponiendo valores que para la época eran claramente contraculturales, porque ponían en cuestión el orden establecido, manejado por los intereses de algunos pocos que se veían beneficiados con este modelo de dominación religiosa.

Entre algunos de los rasgos que podemos identificar en el movimiento valdense encontramos la predicación libre del Evangelio por parte de laicos. Pudiendo así acceder el pueblo a una fuente que hasta el momento era restringida: las Escrituras. Anticipándose a la Reforma, desde el movimiento valdense se iniciarán las primeras traducciones de algunos libros de la Biblia al idioma popular del pueblo, que en este caso era el francés. Esto ocasionó grandes tensiones y persecuciones debido a que era inadmisible que un laico leyera las Escrituras, lo cual era exclusividad de la casta sacerdotal. La cual a su vez se encontraba en claro vínculo con el poder político. Por esta razón existirá una crítica frente a esta situación, lo que algunos denominan como la anticonstantinización, en referencia a la unión que hace el emperador Constantino entre la iglesia y el imperio romano. Es así que los valdenses rechazarán la unidad entre la iglesia y el Estado. Exigiendo así una independencia de la iglesia frente al poder político, situación que podemos pensar claramente difusa en el tiempo del medioevo. Los valdenses a su vez emprenderán una lucha por su libertad y reconocimiento como minoría religiosa, reclamando dignidad para su vida.

Podemos encontrar algunos valores mencionados en la identidad valdense como son la predicación libre del Evangelio y acceso a las Escrituras; la participación laica como principales protagonistas del movimiento valdense, el reconocimiento de la libertad a las minorías y la anticonstantinización de la iglesia. En torno a estas características es que se consolida cierta manera parte de la base identitaria del movimiento valdense. Estos valores que fueron sumamente importantes y que respondieron a un contexto y una causa concreta, aun hoy los podemos esgrimir como baluartes de nuestra forma de ser, de nuestra identidad. Sin embargo es aquí que nos podemos hacer preguntas sobre estos valores que conformaron la identidad valdense originaria. Sin duda hoy no nos encontramos en nuestros lugares,con imposibilidad de expresarnos ni de tener acceso a la lectura de la Biblia, entonces ¿qué implica hoy poder reunirnos a compartir una lectura crítica de la Biblia? ¿ Dice algo a nuestras vidas o lo hacemos como parte de una herencia como valdenses? El movimiento valdense se originó como un movimiento de laicos… sin duda hoy por hoy nos es sumamente imprescindible una iglesia en donde la gente misma sea protagonista de la comunidad de fe. ¿Qué espacios generamos de participación en nuestras comunidades, existe lugar para eso? Una iglesia donde los laicos sean realmente protagonistas implica consenso, debate, intercambio, poder dialogar para poder animarnos a emprender caminos en donde seamos coherentes entre lo que decimos y lo que hacemos.

No vivimos en una sociedad en donde haya privación de la libertad como en otros tiempos, pero sin duda hay nuevos mecanismos que también asfixian la dignidad de las personas y las disminuyen hasta quitar esa libertad tan preciada. Podemos pensar en esclavitudes nuevas que se generan en la trata de personas, en el trabajo infantil, en el abuso a inmigrantes que llegan a estas tierras en búsqueda de un mejor porvenir y son vulnerados sus derechos, etc. Allí también la iglesia debe tener algo para decir a aquellos quienes es restringida su libertad.

Estas características pueden ser sumamente vigentes siempre y cuando podamos ponerlas en diálogo en una sociedad a la cual tenemos mucho para aportar, pero también mucho por recibir y aprender. Nuestra identidad es vigente a medida que acompaña las nuevas realidades y los cambios que en ellas acontecen, de lo contrario nos quedaremos hablando del recuerdo de una identidad que ya no lo es. Que respondió en su momento a un contexto determinado pero hablamos de ella solo desde la melancolía y el recuerdo. Somos llamados como creyentes valdenses a cuestionarnos esta identidad que no está clausurada, sino que tiene una rica historia abre posibilidades de futuro…

Alfredo Servetti
Estudiante de Teología. Atención pastoral en la Comunidad Valdense de Flores.

Nota publicada en el boletín “Viento y Luz”, año V, Nº 63, julio de 2016.

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Una respuesta a “Historia que abre camino…”

  1. Gustavo Reimondo dice:

    Me pregunto, por que pensar que solo los espacio de estudio crítico deben generarse dentro de la iglesia o en un dialogo con el exterior, ¿cual es la realidad o la tradición que nos limita?. Debemos actuar en el mundo, no solo para adentro, sino también con los sectores más necesitados, generando grupos fuera de la iglesia que sean semilla de la acción para el establecimiento del Reino. Me encantó el relato y el análisis histórico, pero hay que también llevarlo a la praxis, por que creo que el movimiento no se caracterizó solo por su posición ante el poder sino por su fermento y expansión de un mensaje liberador que suele perderse… rodearse de palabras complejas, institucionalizadas y lejanas de aquellas personas que necesitan de dicho mensaje en un lenguaje cotidiano y sincero.
    Saludos.