Estela Amúz

Estela Amúz

“Acomodé un rosal trepador que hice de gajo el año pasado. Lo até a una columna. Trasplanté tres plantitas de jengibre, porque estaban en un lugar inapropiado. Hacía tanto calor que cerré todas las ventanas porque pensé que podía venirse una granizada; abrí la puerta del galponcito para que mi perra se refugiara si llovía y me fui al gimnasio, una sana costumbre para mantener mis músculos capaces de hacer upa a mis nietas y entrar leña para la estufa…

Cuando empezaron a temblar los vidrios del edificio donde me encontraba y el ruido insoportable del tornado lo invadió todo, me tiré al piso hecha un ovillo tapándome la cabeza con las manos; pensé: “-Estoy en paz, que sea lo que Dios quiera”, y esperé hasta que pasó… Comencé a mover mis pies, pregunté: “-¿Están bien?” La respuesta afirmativa me dio ánimo y salí gateando de donde había quedado, entre tablas, ladrillos, hierros retorcidos, vidrios y todo lo que se puedan imaginar…Todos salimos caminando de allí, hacia la calle, donde el caos nos hizo comprender la magnitud de la tragedia…

Nada quedó como era, en muchos lados. Comprendimos que lo más importante se nos había concedido: nuestra vida y la de nuestros seres queridos. Dimos gracias a Dios por ello, una y otra vez, y oramos por los que no habían tenido esa fortuna…”

Estela Amúz

Fuente:
Circular julio 2016 de la Federación Femenina Valdense.


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