2º reflexión Alfredo ServettiLee en tu Biblia: Lucas 13: 10-17.

Gente reunida en torno a la lectura y estudio de la Torah. El día lo indicaba, era el tiempo debido para dedicarse al estudio de las Escrituras que nutría la vida, según la concepción hebrea.

El lugar de encuentro, la sinagoga. Lugar de meditación y reflexión de la vida a la luz de las Escrituras. Sin embargo ese estudio se vuelve algo más de la rutina cuando no se puede ver lo que acontecía dentro de ese mismo lugar. En esta ocasión resultó incómodo a la vista de muchos la visibilización de alguien ignorado hasta el momento, poniéndolo en el centro de la escena.

Una mujer sufría, pero no fue motivo de atención para todos aquellos fieles estudiosos de las Escrituras. La transgresión de Jesús al sábado fue lo que posibilitó que luego de 18 años ese dolor pudiera ser sanado, pese al ritualismo y rigidez de quienes no querían permitir el milagro por respeto a una ley entendida desde su conveniencia.

Preponderó el cuidado y la salud de la mujer, siendo así que Jesucristo propondrá una nueva forma de vida y de comprensión de la ley, interpelando a vivir una fe en la coherencia del día a día.

Hablamos de buena nueva a los pobres, a los afligidos, ¿pero cómo se encarna esta enseñanza en la vida diaria de lo que vivimos? ¿De qué manera somos comunidades sanadoras, mirando lo que pasa en nuestro interior y alrededor?

Quiera Dios también sanarnos para poder levantar la vista y ver la realidad de otra manera.

Alfredo Servetti
Estudiante de Teología. Atención pastoral en la Comunidad Valdense de Flores.


Una respuesta a “La enseñanza que se encarna”

  1. Gustavo dice:

    ¡Gracias Alfredo por tu reflexión!.

    Así como Jesús no tenía donde morar, porque su casa era su camino, el cual lo abría a todos los necesitados, abramos también nuestras casas para recibir y compartir con el necesitado en manera plena. Fraccionemos el pan y reconstruyamos en solidaridad sus corazones.

    A la vuelta de nuestras casas, o quizás un poco más allá, siempre hay una persona en desventaja que necesita ser tratada amorosa y dignamente. Solo tenemos que abrir nuestros corazones, romper nuestros miedos y prejuicios, y así lo que deba manifestarse se manifestará en la gracia de Dios.