culto-125-anos-san-gustavoEntre Ríos- Argentina. Ha pasado más de un siglo desde que los primeros inmigrantes valdenses, con sus magros equipajes cargados de esperanzas, llegaron a poblar esta tierra generosa y noble, y hermanarse, casi sin proponérselo, con sus habitantes, distintos en tantas cosas, tan similares en otras.

El domingo 30 de octubre celebramos los ciento veinticinco años en comunidad, mirando y rememorando el ayer en sus actores, sus historias, en su fe, en la búsqueda de vivir el hoy y encontrar el mañana con la esperanza, la confianza y la experiencia vivida y trasmitida.

Ese mismo día, también se celebró el centenario de la dedicación del primer Templo -Escuela, el edificio levantado para albergar la escuela primaria en la semana y la comunidad de fe los domingos. Las familias sabían que su responsabilidad era dar a los hijos la educación integral, y se fueron creando escuelitas particulares en casa de familias, atendidas por hombres y mujeres de la comunidad, hasta el tiempo que pudieron concretar el sueño del salón comunitario, allá por 1916.

La celebración de acción de gracias se realizó en dicho salón, que se colmó con la presencia de visitantes y una importante asistencia de personas que allí mismo, en alguna oportunidad, recibieron el bautismo, la educación cristiana o confirmaron su fe en Dios, junto a quienes concurren habitualmente. Con la reflexión a cargo de la moderadora de la Mesa Valdense, pastora Carola Tron, la presencia de Hugo Malán, Claudia Tron y Sergio Bertinat, pastores que se desempeñaron en la comunidad, la palabra del pastor actual, Juan Carlos Wagner, el canto de niñas/os de escuelas bíblicas, la alabanza compartida, transcurrió la celebración por la mañana, antes de compartir el almuerzo.

Se vivieron momentos fraternales, reencuentros, recuerdos familiares y comunitarios, concluyendo la tarde con una reseña histórica que resumió lo acontecido en este tiempo transcurrido, testimonios, anécdotas y el sentimiento de gratitud por las bendiciones recibidas y compartidas.

Por eso, Señor y Dios, no puedo quedarme en silencio:
¡te cantaré himnos de alabanza y siempre te daré gracias!
Salmo 30:12

Febe Barolin


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