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Lee en tu Biblia: Lucas 20: 27-37.

Este texto nos presenta uno o el más misterioso tema para todo creyente cristiano: “la resurrección”. Misterioso porque muchas veces queremos encontrar una respuesta “lógica” a algo que solo pasa por la fe. Pero no podemos negar que es uno de los temas que más intriga.

En el texto que nos convoca hoy, los saduceos quieren, como siempre, ponerlo en aprietos a Jesús con una pregunta de lo más provocativa. Le plantean una situación que es normal en esa época y que además lo reglamenta la ley judía.

Jesús es claro, las cosas no van a ser como en el mundo terrenal, al resucitar todo cambia. Él deja en claro que una vez que uno ha entrado en una relación personal con Dios, ésta no se rompe ni con la muerte. O sea, el amor de Dios trasciende todo tiempo y condición. Para Él seguimos vivos y bajo su protección eterna. Las palabras de Jesús en este texto así lo confirman: “ Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos están vivos” Creo que estas palabras son el centro del pasaje y la base de nuestra fe y esperanza.

Ante esto y como siempre lo más importante es cómo vivimos nuestro presente, pues traspasada la muerte ya no hay regreso para enmendar lo mal hecho en vida. Desde siempre estamos llamados por Dios a ser coherentes en que debe primar el amor, la preocupación por la otra persona, así como el amor de Dios es incondicional hacia los seres humanos y todo lo creado.

Quiera el Señor darnos sabiduría, humildad y perseverancia en sus enseñanzas para cumplir con la misión de ser luz y sal en este mundo, con la certeza de su gracia que todo lo puede, amén.

Noemí Bremermann

Referente de Comunicaciones de Colonia Miguelete, Uruguay.


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