Lee en tu Biblia: Mateo 11: 2-11.

La vida nos enseña continuamente que solo sabemos cómo es determinada persona – un amigo, vecino, colega, u otros- cuando nos familiarizamos con ella. Mientras que de alguna manera no tenemos una relación, resulta difícil saber cómo es, como piensa, cómo actúa. En el episodio narrado por Mateo (11:2-11), los seguidores de Juan el bautista preguntan a Jesús si era el que debían esperar. Jesús responde: “díganle lo están viendo y oyendo: los ciegos ven, los leprosos sanan, los sordos oyen…” a los pobres se les anuncia la buena nueva… La inquietud era lógica: se esperaba un salvador, se esperaba al Mesías. Ahora bien, ya próximos a la navidad, nosotros hoy ¿qué o a quién esperamos? ¿cómo esperamos?

Nos encontramos en el Adviento, el tiempo litúrgico durante el cual celebramos la esperanza en la venida de Jesús. Pero, para vivir plenamente esa esperanza es preciso ¿cómo diríamos?, cultivarla, darle al Evangelio de Jesús los espacios en todas nuestras jornadas, de su expresión de servicio, entrega. Como si fuera una planta de nuestra huerta o jardín, la esperanza necesita cuidados, agua, buena tierra. En ese sentido, tener claro si aceptamos (o no) el modelo humano que Jesús propone y por ende sus actitudes sanadoras y liberadoras de la humanidad, es fundamental. Esta aceptación tiene que “sentirse” y practicarse en la relación con nuestros prójimos (vecinos, amigos, pobres, afligidos). Si lo hacemos, nuestra esperanza será algo encarnado y vital que además nos dará mucha, mucha alegría.

Pastor Miguel Ángel Cabrera


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