Alrededor del fuego, una comunidad

17 de febrero de 1848

Durante 7 siglos los valdenses fueron perseguidos a muerte y tratados como esclavos. En el siglo XIX la situación había cambiado, pero seguían reducidos a los estrechos límites de su emplazamiento en los valles valdenses. En 1831 asume el trono de Saboya el rey Carlos Alberto y una de sus principales búsquedas fue la unidad de Italia. Recibió el beneplácito de los valdenses por su tendencia liberal. Y su preocupación por la situación marginal de las minorías valdense y judía fue inmediata. En 1848 la Tavola Valdese le elevó un pedido de abolición de los edictos restrictivos entonces en vigencia. Una petición pública a favor de los valdenses y judíos recogió adhesiones entusiastas.

El 8 de febrero se dio a conocer el estatuto para el nuevo Piamonte y el 17 las Cartas Patentes que dieron a los valdenses y judíos los derechos civiles y políticos. Se igualaron así al resto de la población del reino en cuanto al derecho a estudio, ejercicio de las profesiones, adquisición de tierras. «Los valdenses son admitidos a gozar de todos los derechos civiles y políticos de los demás súbditos; a frecuentar las escuelas dentro y fuera de la Universidad, y a alcanzar los grados académicos». «Nada es sin embargo innovado en cuanto al ejercicio de su culto y a las escuelas por ellos dirigidas»

La noticia fue de todos modos recibida con entusiasmo y dos jóvenes en una cabalgata nocturna la llevaron hasta los valles. Se fueron encendiendo fogatas en las iglesias como forma de comunicarla de una población a otra.

El Sínodo de 1849 resolvió que el 17 de febrero de cada año fuese, en lo sucesivo, celebrado como Fiesta de la Emancipación.

(Reproducido de “Cuestión de fe” febrero 2012)


17 DE FEBRERO

Una vez más celebraremos el 17 de Febrero, una fecha emblemática para la Iglesia Valdense. Recordaremos cómo el pueblo valdense en 1848 recibió con alegría la noticia de que el Rey Carlo Alberto había firmado un decreto que otorgaba libertad civil a los valdenses y a los judíos poniendo fin a la represión y la persecución. Durante el siglo XX esa fiesta se fue celebrando en Italia y también en el Río de la Plata como símbolo de la libertad. Libertad de conciencia. Libertad para adorar y servir a Dios. Libertad de culto y de reunión en un Estado laico.

Sin embargo, si lo pensamos dos veces la fecha del 17 de Febrero de 1848 no tiene nada de heroico. ¿Por qué justamente esa fecha llegó a ser la fiesta valdense por excelencia? Un acontecimiento que no recuerda una acción heroica, ni una manifestación imponente de la fe valdense, sino más bien un episodio más de la historia piamontesa e italiana. En ese acontecimiento los valdenses ni intervienen, reciben algo, no hacen nada.

Si se hubiera querido buscar una fecha memorable, en la larga y tormentosa historia valdense se hubieran encontrado otras mucho más significativas. Por ejemplo el Sínodo de Chanforán que señaló un cambio sustancial en la vida de los valdenses. O el Glorioso Retorno que señala el fin de un acontecimiento dramático, el punto culminante de una fe realmente heroica. O si queremos algún acontecimiento de nuestra historia medieval cargados de significado. Hay para elegir.

Pero no, todas esas fechas también significativas cayeron en el olvido. Y ahora hacemos todo el esfuerzo de explicar que el 15 de agosto se empezó a celebrar más bien por obligación, siendo la fiesta de la Inmaculada Concepción de María, más que la conmemoración del cruce del Lago Lemán que daba inicio a lo que sería el “Glorioso Retorno”. Dejando constancia de que ese acontecimiento de sangre y fuego se puede llamar “glorioso”, pero sería imprudente atribuirle a ese episodio un designio providencial.

El día de la emancipación valdense fue un día de alegría humana. Los sentimientos de una población oprimida durante siglos, finalmente era liberada. Estuvieron presentes el reconocimiento al soberano, la admiración al príncipe magnánimo y sabio que reconocía la lealtad de sus súbditos. Todo eso estuvo presente en ese momento que fue el día de la Libertad, para ellos con mayúscula. Alegría de la reconciliación con la autoridad, ya no eran más rebeldes por motivos de conciencia.

El 17 de Febrero tuvo todos esos elementos humanos bien comprensibles. Sin embargo ese no era el principal sentido de esa fiesta. Lo realmente importante fue que el reconocimiento de los valdenses estaba especialmente dirigido a Dios, de quien viene toda gracia y todo don perfecto. La gracia de la Libertad fue reconocida como una gracia de Dios. Porque la historia valdense es la historia de la gracia recibida y la última era esa, la emancipación civil. Una gracia de Dios.

Dios hace pasar a su iglesia por períodos de juicio y selección. En medio de las pruebas llegan el desánimo y la indiferencia. Este 17 de Febrero nos vuelve a recordar que vivimos de la gracia recibida. Ésta es la fiesta de la gracia, la fiesta de nuestras nuevas e importantes responsabilidades.

Carlos Delmonte

(Reproducido de “Cuestión de fe” febrero 2016)

Tags: , , ,


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *