Lee en tu Biblia: Juan 3:1-17.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16)

Hay textos de la Biblia que en pocas palabras concentran todo lo que para nosotros es necesario saber sobre Dios, el ser humano y sus relaciones. Este pasaje del Evangelio de Juan, que culmina el encuentro de Jesús con ese maestro de Israel que se llamaba Nicodemo, es uno de esos porque resume la quinta esencia de la fe cristiana. No sorprende que desde la época de Martín Lutero – a quien recordamos este año en forma muy especial- sea una de esas palabras que sabemos de memoria por la fuerza que nos comunica.

Justamente Martín Lutero aconsejaba que para comprender realmente la profundidad de esta palabra bíblica hiciéramos lo mismo que él hizo en su Biblia personal. Sustituir en el texto: “todo aquel”, por “Martín Lutero”. Es decir que cada creyente escriba en el lugar de “todo aquel”, su propio nombre personal. Si leemos esa palabra haciendo ese cambio llegamos a comprender con más profundidad el hecho de que Jesús vino a este mundo a darnos vida eterna en respuesta a ese amor de Dios que no tiene fin ni frontera.

Cuando cada palabra es recibida en lo profundo de nuestra conciencia se ilumina el sentido de nuestra vida aquí y ahora y se manifiesta nuestro deseo de vivir para ser dignos de tanto amor. Porque la vida de cada uno es un tesoro de un valor incalculable. Si Dios “se dio a sí mismo” por cada uno de nosotros quiere decir que nos amó mucho, porque nadie da tanto amor amando poco.

Dios amó al mundo, es decir a la humanidad, una humanidad hostil, rebelde, incrédula, una humanidad que siempre lo niega. Que Dios la haya amado tanto hasta el extremo de darse a si mismo por ella se convierte hoy en un anuncio increíble. Dios tiene piedad y salva a todos. “De tal manera… para que todo aquel”… nadie es discriminado o excluido. Todo aquel que cree en él somos todos y ese es el corazón, el centro de ese mensaje. “Todo aquel que cree en él”. Y otra vez Martín Lutero nos explica: “si tu crees tienes, si no crees no tienes”. La fe es la única manera de recibir lo que Dios nos da.

La vida mortal llega a ser vida eterna. La vida indiferente llega a ser una vida de amor. La vida de fe llega a ser una vida de esperanza. ¿Por qué? Porque Dios amó a la humanidad de tal manera. “Todo aquel”, escribamos nuestro nombre porque hemos sido amados de un amor eterno que sin reservas ni condiciones nos ofrece el don de la vida eterna.

Pastor emérito Carlos Delmonte

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2 respuestas a “DE TAL MANERA”

  1. Juan Wagner dice:

    Gracias Carlos!!

  2. Mario R Talmon dice:

    Gracias Carlos!!! Un abrazo a la distancia.