Hay un tiempo señalado para todo, y hay un tiempo para cada suceso bajo el cielo:
tiempo de nacer, y tiempo de morir;
tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado;
tiempo de matar, y tiempo de curar;
tiempo de derribar, y tiempo de edificar;
tiempo de llorar, y tiempo de reír;
tiempo de lamentarse, y tiempo de bailar;
tiempo de lanzar piedras, y tiempo de recoger piedras;
tiempo de abrazar, y tiempo de rechazar el abrazo;
tiempo de buscar, y tiempo de dar por perdido;
tiempo de guardar, y tiempo de desechar;
tiempo de rasgar, y tiempo de coser;
tiempo de callar, y tiempo de hablar;
tiempo de amar, y tiempo de odiar;
tiempo de guerra, y tiempo de paz.
Eclesiastés 3: 1-8

El domingo 12 de marzo de 2017, como todos los años, se dio un nuevo encuentro de las familias de los chicos y chicas residentes del Hogar Estudiantil Valdense de Montevideo y de la Comisión del mismo.

Los objetivos de estos encuentros son, por un lado, generar un espacio distendido de conocimiento de las familias y de los y las residentes, promoviendo momentos de diálogo entre todos y todas, viéndolos y viéndolas desenvolverse en el lugar donde van a vivir. Por otro, poder conocer a los integrantes de la Comisión y a la coordinadora del Hogar, habilitando la comunicación. En particular, para este encuentro, se hizo hincapié en la posibilidad de reconocer nuestros miedos y ansiedades en este proceso, entendiendo que todos y todas los tenemos –estudiantes, familiares, miembros de comisión y coordinadora del grupo-. Que son diferentes unos de otros, pero que están ahí y que es importante visualizarlos para poder procesarlos.

En primera instancia, todos y todas compartimos el culto con la comunidad de Montevideo, y en el mismo fueron presentados los y las residentes de este año. La comunidad de Montevideo se manifiesta interesada en la participación de los y las jóvenes en las actividades que desarrolla la iglesia durante el año, así como también se muestran dispuestos a acompañar y ayudar en las medidas de sus posibilidades.

Posteriormente, se desarrolló un pequeño taller, que implicó ponerse en juego. Familiares, estudiantes y miembros de la comisión, jugaron. De esta forma se rompió el hielo, se desestructuraron y empezaron a soltarse. La interacción a través del juego permitió mezclarse, conocerse desde otro lugar, desde la sonrisa, la complicidad, las miradas… Es interesante poder observar desde afuera lo que genera el juego… para resumirlo en una palabra, el juego los y las liberó, y eso les permitió mirarse de otra manera…

Del último juego propuesto surge un elemento: los miedos. Cómo nosotros y nosotras hacemos frente a los mismos. Cuáles son esos miedos que tenemos al enfrentarnos a esta nueva etapa de nuestros hijos e hijas, de nuestros hermanos y hermanas. Cómo nos hacemos cargo de miedos que no son nuestros y cómo nos sacamos de encima algunos miedos colocándoselos a otra persona.

Se generó una instancia para poder expresar esos miedos si querían, y se hizo un gran silencio… una mamá finalizado ese espacio logró decir: “en ese silencio estaban todos los miedos”, y verdaderamente fue así. Los familiares que salieron de este encuentro, se fueron fortalecidos, sabiéndose acompañados en sus sentires, y reconociendo que hay un tiempo para todo, también para procesar esos miedos, esas ansiedades que nos genera estar lejos, soltar a esa hija, a ese hijo que comienza un nuevo camino, un camino elegido, un camino que le es propio, que le da identidad. Los y las estudiantes se quedaron con la emoción de ver a sus familiares en juego y de saberse acompañados en sus procesos, pero sobre todo con la seguridad de estar viviendo con personas que están en las mismas búsquedas, y como uno de los chicos lo expresara días antes del encuentro, con la sensación “de estar en familia”.

Los miembros de la comisión y quien escribe – coordinadora del Hogar-, nos quedamos con la emoción de ver un hermoso grupo de jóvenes, que acompañados por sus familias, comienzan un nuevo proceso de búsquedas personales, pero que deciden y eligen vivirlas en comunidad. Nos vamos con el corazón calentito, por la confianza de esas familias, por la alegría de los y las jóvenes, por la esperanza de un tiempo de verdadera comunidad en el Hogar Estudiantil Valdense.

Hoy es tiempo de comunidad.

Patricia Armand Ugón

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