Lee en tu Biblia: Lucas 24:13-35.

Sencillo concurrente de la mesa del humilde, de tan cotidiano te miramos pero no te vemos. Qué extraño suceso que en tu pequeñez quepa tanta historia humana, tanto trabajo compartido, manos que abren surcos a la tierra, que amasan y hornean tu cuerpo, manos que ríen, manos que lloran, manos que sueñan, manos que esperan… tal como laboraron aquellas otras manos, las manos de nuestras abuelas y abuelos.

“Pan, maravilla diaria, por ti recitó aquel poeta insigne: ‘eres acción de hombre, milagro repetido, voluntad de la vida’1. ¡Guay cuando faltas de la mesa del pobre! Te hemos visto, gigante, levantarte como estandarte de poder de los nadie, para que la historia se conmueva, para que el cosmos tiemble. Por esta razón, aquel poeta luminoso clamó a los cuatro vientos: ‘lucharemos por ti con otros hombres, con todos los hambrientos, por todos los ríos y el aire iremos a buscarte, toda la tierra la repartiremos para que tú germines, y con nosotros avanzará la tierra: el agua, el fuego, el hombre lucharán con nosotros’.”

“Pero, en el fragor del esfuerzo por vivir, ¿cuántas veces has compartido con nosotros la mesa de la tristeza, de la desilusión y la desesperanza? Sin embargo, ahí estás en tu grandeza simple, reuniendo en comunión los corazones dolientes, alentándonos hacia la vida, dándonos fuerza para ponernos de pie, porque representás la vida venciendo a la muerte, la confianza plena en un tiempo distinto, en el tiempo del Reino de Dios porque al partirte y compartirte, nos hacés compañeras y compañeros de aquel nazareno errante que camina junto a nosotros; ahora lo podemos ver, sentado aquí, en esta mesa, es Jesús, el que resucitó, ¡Es Cristo, el que vive!”

Pastor Eduardo Obregón

1- Pablo Neruda, “Oda al pan”.


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