Lee en tu Biblia: Mateo: 28: 1-10.

El pasaje sobre el cual me invitaron a reflexionar, ha sido motivo de innumerables e inagotables reflexiones teológicas y filosóficas porque es sustento de nuestra esperanza, fe y sentido de la vida. Este relato, en primer lugar, nos está diciendo, como nos decía nuestro maestro de catecismo, “Dios es Dios de vivos y no de muertos”.

Esto se relaciona con la angustia que, como seres humanos, tenemos sobre lo finito de nuestra existencia terrenal. Jesús demuestra que este acontecimiento rompe el orden biológico establecido, o mejor dicho, nos ofrece “superar” el estricto ajuste de las reglas naturales, sin dudas creadas por Dios.

¿Qué le significaría a una persona que le leamos este pasaje? Creo, habría al menos, dos reacciones: una, el análisis que se realiza fríamente y preguntar si uno tiene evidencias científicas para afirmar lo ocurrido. La otra es que nos pregunten cómo se puede expresar concretamente ese fenómeno de estar por encima de esa angustia diaria. La primera es muy simple y barata de algún observador externo “imparcial”. La segunda, creo, está relacionada con el motivo por el cual llegamos a presentarle este relato a una persona determinada. Y eso puede ser porque no le conforma mucho asumir que estamos solo para nacer, crecer, reproducirnos y morir. También, por qué no, podría ser lo que esta persona podría percibir (debilidades humanas mediante) en nuestras actitudes, conductas y posturas diarias frente a los demás y el hecho de que otra forma de vivir es posible.

Tenemos la gracia de estar en este mundo y la enorme posibilidad de transitar el camino de la vida, superando nuestra angustia por la fe en el Resucitado. “No tengan miedo. Vayan a decir a mis hermanos que se dirijan a Galilea y allá me verán”.

Mario Vigna


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