“…voy, pues, a preparar lugar para ustedes” –dice Jesús (Juan.14:2)

Me pregunto cuál será la proporción de sepelios en los que se cita este texto. Su reserva de sentido es tan fuerte que frecuentemente envolvemos nuestro duelo en esa promesa.

Frase con sujeto tácito, afirmación que despierta un dominó de incógnitas, nada parece claro. Jesús promete lo ambiguo. Anuncia su muerte, pero dice cosas que suenan a un tiempo compartido de ultratumba.

Protagonizando un nuevo papelón, Tomás demuestra su desconcierto y pregunta por dónde es el camino. Tomás… ¡Nunca entendiste nada! Felipe pide ver un poco más, quiere ver al Padre, busca una muestra gratis que lo ayude a creer.

A veces nos cuesta entender. Creemos que creemos, queremos creer, pero las promesas de Jesús nos parecen como una silueta difusa en el horizonte. No está claro, no se ve bien, cada palabra oscurece más.

Soy miope desde la adolescencia, y desde ese entonces amanecí viendo imágenes sin contorno, formas que se parecen más a una pintura impresionista que a una serie en HD. Ayer intentaba ponerle un zapato a mi hijo y este, en rebeldía, voló mis lentes de un manotazo. No sabía dónde habían terminado y no podía soltar al pequeño porque también lo perdería de vista. Anduve a tientas por interminables treinta segundos.

A veces me gusta pensar que mi miopía y mi fe se asemejan. Puedo oír las palabras de Jesús, pero me cuesta visualizarlas como algo acabado. Ese horizonte, ese lugar que él prepara para nosotros son una dimensión que no comprendo con claridad. Lo puedo experimentar en gestos concretos, en el encuentro en comunidad, en vidas transformadas por el amor, el cuidado, la compañía; pero no lo puedo ver en su totalidad. Ando peor que Felipe.

Cuando vea rostros desdibujados, cuando ande a tientas en las noches sin luna, esta fe me sostiene. Cuando no comprenda cada palabra, cuando mi vista se nuble, tu promesa me guía. Jesús, camina conmigo…

“Ahora vemos por espejo, oscuramente; pero entonces veremos cara a cara.” (1Co.13:12a)

J. Javier Pioli


Una respuesta a “LA CONFESIÓN DEL MIOPE”

  1. Mario Vigna dice:

    Posiblemente todos tenemos imágenes difusas cundo queremos ser precisos al explicar nuestra fe o sentido de lo que hacemos. Sabemos el rumbo e intuitivamente vamos haciendo cosas que creemos son aproximadamente coherentes con la propuesta de Dios a través de Jesus. Pero a veces corremos el riesgo de querer ser tan precisos , racionalmente precisos , que podemos dejar de actual desde la utopía del creyente , que tiene racionalidd , pero mucha “irracionalidad” es decir la esperanza y confianza en lo que no se ve pero se siente. Un abrazo

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