Lee en tu Biblia: Juan 17:1-19.

Dicen que para orar no hay fórmula ni postura que la haga más genuina. Por lo general cuando estamos en grupo todos hacemos lo mismo y cuando estamos en soledad tenemos nuestras costumbres.

¿Hay fórmulas para llegar a Dios? Sin dudas que no, todo está en el porqué y el para qué oramos. “Jesús miró al cielo y dijo…” El relato del evangelio nos muestra a un Jesús que está dejando todo por nosotros y esta imagen mirando al cielo lo dice todo, hace más perfecto el cuadro. Primero pide por él. Ya que su tarea ha finalizado, se hace merecedor de la gloria de estar junto al padre. Después ruega por quienes fueron elegidos para que se mantengan firmes, sabiendo que lo que viene será una tarea difícil.

Como sin querer llegamos a nuestros días imaginándonos a Jesús dejándonos a cargo de su obra y pidiendo por nosotros, sus “elegidos”. Es así, estamos aquí para continuar con su labor, con errores y aciertos, cayéndonos y levantándonos, pero intentando… En tiempos del “oren por mi” debemos también decir “oren, simplemente oren” por mí, por vos, por pocos, por muchos. Para no sentirnos solos, para apuntalarnos más en la misión.

Nacimos en este mundo y somos imperfectos, pero también sentimos que estamos en la vereda de enfrente de la mayoría. Si Dios nos eligió, ¡charlemos más seguido con Él! Simplemente así debe ser, sin la oración no podemos ni siquiera levantarnos cada mañana y contemplar la hermosura de la vida. Admiro a aquellas personas que son constantes y alivian sus cargas solamente mirando al cielo y pidiendo, sin temor a pedir, sea mucho o poco. A veces me siento temeroso a la hora de orar, como si pensara que estoy cargoseando mucho… pero que le vamos a hacer… debo mejorar… se que en algún lugar alguien ora por mí.


Brian Tron

Comunidad Valdense de Galvez, Santa Fe, Argentina.


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