TIEMPO DE PENTECOSTÉS

En el marco del calendario litúrgico compartimos una reflexión en torno al Descenso del Espíritu Santo (Hechos 2:1-13) esperando su lectura sea de bendición para la Iglesia toda confiando en que Tu presencia nos traiga a nuestras vidas la belleza de los miles de colores que reflejan Tu manera inesperada de manifestarte y nuestra posibilidad renovada de encontrarte.

Compartimos tres de las tantas imágenes posibles de desarrollar en relación al texto de Hechos 2:1-13 con la intención de sugerir caminos para la reflexión personal y comunitaria.

La imagen de la comunidad de fe (Hechos 2:1) donde todos los creyentes se encontraban reunidos en un mismo lugar. Sin negar la importancia del carácter personal del llamado que Dios en Cristo dirige al ser humano, es clave de reflexión el hecho de que el descenso del Espíritu en Pentecostés es sobre una comunidad reunida, expectante. Y el cumplimiento de la promesa de Jesús sobre el envío de su Espíritu se da en ese contexto, que es el momento inaugural de la Iglesia Cristiana.

No importa, ni el lugar, ni las diversas formas de estar reunidos/as, sino que el encuentro tenga lugar desde múltiples modalidades.

La segunda, espacio creativo para desarrollar es la imagen del viento.

Un gran ruido que resuena como el de un viento impetuoso, uno de los símbolos más antiguos del poder de Dios.

Movimiento, traslado de la corriente de aire de un lugar a otro, acción que no se puede dominar. Viento, aire, soplo, son citados indistintamente en el Antiguo y en el Nuevo Testamento para referirse al Espíritu. ¿Acción del viento?: violento/plácido; destrucción/edificación. Viento intenso de Pentecostés y silbo apacible (I Reyes 19:11-12).

La imagen de las lenguas como de fuego posándose sobre cada uno de ellos/as (Hechos 2:3) recuerdan la columna de fuego que guiaba al pueblo de Israel en su marcha hacia la tierra prometida. Isaías 6 indica la acción del fuego en el llamado y envío del profeta. Ha llegado el día del bautismo con el Espíritu Santo y el fuego (Mateo 3:11).

El fuego es el símbolo de la santidad. A diferencia de la acción del fuego que todo lo consume, la acción del Espíritu es positiva: brinda sus dones sobre cada creyente. Es una acción transformadora y reparadora.

Estamos juntos y juntas en el abrazo del Padre, el Dios que renueva todas las vidas y que a la novedad nos invita a mover nuestros pasos tímidos y a orientar nuestros caminos inciertos.

En la presencia tierna y silenciosa del Hijo, que a la novedad abrió corazón y mente, invitando a nosotros/as discípulos y discípulas a recibirla y recrearla, con fantasía y en libertad.

Y en el soplo tibio y liviano del Espíritu Santo, viento de renovación, aliento a transformar constantemente aquella fe que cambia a través de nuestras vivencias y de los encuentros que las enriquecen. Amén.

Iniciando la Semana de la oración por la unidad de los cristianos, espacio de encuentro de diferentes congregaciones para celebrar y vivenciar el ecumenismo en tiempo de Pentecostés, compartimos la certeza que creemos en el Espíritu de Dios, fuente de búsqueda y renovación, viento libre en que Dios se manifiesta, danzando y acariciándonos: leve brisa que envuelve la fe sacándola de aquella presunción que la encierra y la estanca.

Edgardo Malán
Mesa Valdense

Tags: ,


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *