La esperanza -en la tradición bíblica- es un don de Dios que se complementa con el otro don, el de la fe. La esperanza se construye “desde Dios”, no a partir de nosotros mismos: ni de nuestra realidad ni de nuestras fuerzas. La esperanza, como don de Dios, es lo que nos permite a los seres humanos construir nuestras expectativas y trabajar para modificar la realidad, por el amor, “a pesar de todo”.

La fe nos permite afirmar que existe lo que no parece existir. La esperanza nos permite esperar lo que parece imposible que llegue a ser. Por eso, la esperanza se nutre de la Resurrección: el máximo imposible que se hace realidad. Pero no se trata de cualquier resurrección, sino de la Resurrección de Jesús, el carpintero de Nazaret, el expulsado del Templo, el asesinado por el Imperio. Esto significa, no de cualquier imposible, sino de aquél imposible que genera justicia, libertad, verdad. Pastor – Biblista Dr. Néstor Míguez

El fin de semana del 16, 17 y 18 de junio de 2017 se llevó a cabo un taller denominado: “Guía para Caminar con Esperanza…” dictado por Néstor Míguez, en el Parque 17 de Febrero, Uruguay. Compartimos con ustedes la siguiente crónica sobre el mismo:

La invitación que nos convocaba era más que atractiva. Entre los mosquitos y los espirales, las libretas decoradas, la risa y los mates, la cena compartida con los infaltables queso azul y chorizo seco se fue caldeando el ambiente. Muchas caras nuevas, bien jovencitas, de esas caras con las cuales uno se encontró en los campamentos de enero. La alegría de saber y poder ver que el espíritu los convoca a comenzar a formarse para esto que hacemos con tantas ganas.

Después de un juego – dinámica que llevan adelante los talleristas (reafirmando la idea contra hegemónica de que los jóvenes pueden formar otros jóvenes) nos recibe en el salón central un anciano del cual las únicas palabras que recuerdo son: Enjugara Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas pasaron. (Ap 21.4)

En estas palabras se manifestaba la esperanza y comenzábamos a caminar.

Siendo el mayor del grupo, en edad claro está, me fui a dormir tempranito porque sino no había mate que aguantara. En la mañana del sábado otra vez se dio una lucha titánica contra los mosquitos. Blandiendo los espirales como arma se daba comienzo al primer segmento del taller de Néstor Miguez. Tal era la atención, que no nos dábamos cuenta de la nube de humo que emanaban los espirales. Todo estaba centrado en lo que nos transmitía, en la pregunta, en la duda, en lo ignorado y en lo descubierto. Un nuevo conocimiento se abría ante algo que lo teníamos vedado, oculto en el temor de la palabra Apocalipsis, palabra cargada con varios significados, pero no el de esperanza. Ahora aparece la Revelación como símbolo de un nuevo entendimiento, un nuevo saber, ahora sí podemos sentir la esperanza del que la escribió.

EL taller transcurría, lo único que se escuchaba era la palabra de Miguez, algún chirrido de la bombilla sorbiendo lo último de agua en el mate, las lapiceras golpeando las hojas y algún que otro acomodando la silla, toda la atención estaba en lo que leíamos, escuchábamos e interpretábamos. Así termino el primer momento, con más preguntas que certezas, no solo la cabeza quedó alterada.

A la tarde del sábado tuvimos un lindo encuentro con la gente del Hogar Sarandí. Fue muy productivo poder conocerlos, escucharlos, compartir. Nos permite entender qué esperan ellos de los campamentos y tener en cuenta cuánto nos falta de formación para trabajar con personas con discapacidad.

Después de esto, entre algún que otro diálogo ecuménico con Néstor, comenzaba otro momento de estudio. Otra vez la escucha reflexiva, las preguntas internas, esas miradas que dicen mucho, los murmullos con la más “anciana” sobre temas de la iglesia, muchos sentimientos en juego. Otro momento de “arrebato” que nos traslada constantemente a pensar con los pies en el suelo y la mirada en nuestra realidad. No podíamos hacer otra cosa, estábamos atrapados.

La reflexión terminaba, el cansancio se sentía, pero quedaban las ganas de sentarse en la misma mesa que Néstor para seguirla, no podíamos esperar hasta el domingo.

Después de la cena…a jugar se ha dicho. Algunos miembros del cuerpo de líder fueron convocados por los talleristas para llevar adelante un juego con pocas reglas en un espacio grande saliendo de los juegos tradicionales. Silvia, Federico y Damián se hicieron cargo de la tarea y estuvo genial, desde el momento de la animación del juego hasta el momento de evaluar el mismo. Tarea indispensable la de pensar cómo jugamos y a qué jugamos si tenemos en cuenta el valor educativo del juego en todo ámbito, pero especialmente en los campamentos. Tarde se fue la evaluación y uno, que es un apasionado de dormir, fue a poner en juego su pasión.

A la mañana del domingo no despertamos con el “vamo arriba” de Blanca, la Directora del Parque. Se ve que el cansancio nos había pegado a todos y todas. Después del desayuno esperábamos continuar, el día ya anunciaba que no iba a ser como cualquier otro. El frío otoñal estaba complicado pero entre algunas nubes se metía, como si fuera a prepo, el sol que calentaba algo más que el cuerpo. Y ahora sí, el cierre del taller.

Otra vez el silencio atento, volvieron a sonar las palabras de la noche del viernes: Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas. (Ap 21. 1-6)

Y ahí sí, la esperanza se puso a flor de piel. Habíamos caminado mucho en busca de ella y se hizo presente entre nosotros y nosotras. Esto me cuesta mucho explicarlo, solo lo sentí, me emocione pero no lo deje salir, deje la emoción ahí quietita, no vaya a ser que me pierda de algo. Miraba hacia todos lados y encontraba el reflejo de mis emociones en mis compañeros. Era algo nuevo, algo revelador, no más llanto, no más dolor, Dios vivirá con nosotros. El libro que cargaba con mucho temor al castigo, al sufrimiento, al dolor, es un libro profético, cargado de una profunda critica, pero es por sobre todas las cosas un canto de esperanza.

Así finalizamos, esperanzados, alegres, tratando de expresar a partir de diferentes formas artísticas lo que nos había sucedido. En mi caso, no pude exponer lo que había creado, aún estoy tratando de poner en orden todo lo sentido, lo vivenciado, lo revelado. Como cierre definitivo, evaluamos. Hablaron los mismos de siempre, pero también aquellos que pasaban pero primera vez por la experiencia de un taller con Néstor Miguez. Felices de lo que habían vivido, dejando de lado esa idea de que el taller “bíblico” es aburrido, enganchados comentaban lo que habían apuntado y demostraban en más de una vez que querían más.

Por mi parte, cuando tome la palabra dije lo mismo de siempre. Lo importante que significa poder participar de estos talleres, sobre todo pensando en la misión evangelizadora que llevamos adelante y que no podría ser si no nos evangelizamos primero nosotros. Poco más tenía para agregar ahí, los gurises ya lo habían dicho todo.

Damos gracias a Dios por lo vivido, por permitirnos poder llevar con nosotros la esperanza, esa que no nos pesa, sino que nos impulsa a seguir caminando. Por permitirnos ser parte y continuar con este proyecto. Por todos y todas las gurisas que se van sumando, que se animan a formarse, que sueñan con que algo mejor puede ser posible. Gracias también por los que ya no acompañan los campamentos pero han dejado huellas y cada uno desde su lugar lucha en defensa del proyecto de vida.

Joaquín Peña Zangaro
Miembro de la comunidad de Montevideo, miembro de la comisión sinodal del Parque 17 de Febrero, miembro del primer equipo de talleristas -2010-, líder de campamentos desde hace años. En el mes de julio 2017, representará al Parque 17 de Febrero en Estados Unidos, en un intercambio con Camp Fowler.

Tags: , ,


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *