Lee en tu Biblia:  Mateo 11: 16-19, 25-30.

El pasaje que nos presenta el Evangelio según Mateo, muestra a Jesús junto a sus discípulos enseñando en las ciudades. Sin embargo, se realiza un planteo muy interesante en relación a la incredulidad de las personas que por aquel tiempo no reconocían ni aceptaban al Hijo de Dios. Al leer el pasaje me surgen algunas interrogantes…

¿Hemos sido incrédulos? ¿Decidimos creer en algunas circunstancias y en otras no?

Sin duda, muchos acontecimientos que nos rodean en la actualidad podrían llevarnos a ser incrédulos. Muertes, guerras, hambre, pobreza, violación de derechos humanos… Pero es ahí justamente donde Jesús se revela ante nosotros y nosotras y nos presenta un proyecto de vida totalmente contrapuesto, en donde prevalece el amor, la paz y la esperanza. Y estas acciones no vendrán desde afuera, sino de nosotros y nosotras mismas.

¿Pero qué hacemos entonces como cristianos ante los proyectos que nada tienen que ver con el Reino de Dios? Sería maravilloso poder decir que cada uno de nosotros y nosotras sale fervientemente a luchar por los derechos, por la justicia… Pero sabemos que también este mundo que nos avasalla, que nos consume, hace que la mayoría de las veces decidamos quedarnos de brazos cruzados, hablando de lo mal que está la sociedad de las puertas hacia adentro. Sin embargo, cada pequeña acción que llevamos a cabo desde el amor, el respeto y la comprensión, nos acerca más al proyecto de vida que Dios nos propone, y eso lo debemos tener presente siempre en nuestras acciones cotidianas.

Como cristianos y cristianas tenemos el deber de proclamar el mensaje de salvación y esperanza para el mundo. Somos nosotros y nosotras mismas los portadores de ese mensaje, y justamente si pretendemos cambiar algo, debemos empezar por mirar hacia nosotros y nosotras.

Eliana Montaña


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