El 15 de agosto celebramos el “Día de la Fraternidad Valdense”. Surgió en el año 1833 y como su nombre lo dice, es la fiesta comunitaria de la fraternidad, el encuentro, la compañía, la reunión religiosa en las alturas de las montañas de Angroña, que a partir de 1853 fue de participación plena, concretándose todos los años para cantar himnos, escuchar la predicación y recordar la historia gloriosa de los padres.

Luego de un periodo de crisis y apego a una tradición abrumadora, fue un predicador extranjero que en el corto tiempo de estadía en los valles, trasmitió sus ideas y provocó el reavivamiento de la fe de valdenses. Los cambios que introdujo fueron la evangelización local de casa en casa, de aldea en aldea.

Si bien esta situación provocó nuevos conflictos y diferencias, fue el espíritu de renovación y de compromiso que animó a los valdenses a tomar ese día de festividad católica, que debían respetar no trabajando, para celebrarlo en comunidad, con el renacer de la fe genuina y el deseo del nuevo ser valdense.

El sínodo italiano de 1949 lo declara “Día de la Fraternidad Valdense” al 15 de agosto y en la Conferencia de 1950 lo estableen para las comunidades del Río de la Plata.

El día de la Fraternidad Valdense se recuerda y celebra desde entonces, en cada lugar donde exista un grupo o iglesia valdense.

Es una buena ocasión para hacer memoria e imbuirnos de aquel espíritu y aquella fe en Dios, optando por vivir el presente en fraternidad.

En el Mensajero Valdense* del 15 de noviembre de 1949 reza un párrafo donde un valdense decía: “creo que existe una herencia, que, sin que me dé cuenta va influyendo en mi personalidad, en mi manera de ser, de pensar, de actuar, de enfrentar la vida”.

Quizás esta situación no tan alentadora que atravesamos como comunidades, como iglesia toda nos haga reflexionar que es posible un nuevo avivamiento.

Esta identidad se renueva, se adapta a nuevas realidades con un ritmo propio, como cualquier otra identidad que lo hace desde sus tradiciones desde su pasado.

Hacemos un llamado a tomar conciencia de nuestra identidad, poseemos una historia, un pasado que ha conformado una identidad particular, no es posible cambiar sin tenerlo en cuenta. Nuestra iglesia, adherida a la Reforma en el Sínodo de Chanforán, hoy, a 500 años del hecho histórico, debe pensar que una transformación constante es posible y válida, que nos merecemos reavivarnos confraternizando para crecer en la gracia y en los propósitos del amor de Dios.

Debemos tener valentía y coraje para no cansarnos, para defender siempre la verdad sin temor a la cruz, luchando por la justicia y seguro que podremos re significar el Pacto de Sibaud.

Valdenses: El cielo bendijo a nuestros padres y hoy también está dispuesto a bendecirnos, con las manos juntas, unidas como hermanos/as.

Repitamos: En los altares de mi Dios quiero vivir y morir.

Nelda Eichhorn
Miembro de la Mesa Valdense

*Mensajero Valdense: periódico quincenal de estudios y eco de las colonias valdenses del Río de la Plata.- Colonia Valdense: 1919-1991.

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