Lo primero a destacar es que a pesar de que muchos predicadores anteriores y/o contemporáneos habían desarrollado pensamientos críticos en contra del poder de la iglesia romana, es la primera vez, a partir de Lutero que la protesta se extiende, se profundiza y provoca una revolución en las estructuras eclesiales, económicas, ideológicas y políticas. Seguramente la Reforma Protestante encuentra en las cercanías de 1517 los vientos de cambio oportunos para que ésta prenda y se extienda traspasando las fronteras nacionales, llegando también a numerosos sectores sociales y culturales.

Un segundo elemento relevante es la inclusión de las mayorías en la fuerte confrontación y debate teológico que permea la sociedad. El pensamiento evangélico se divulga a través de muchos medios, no solo a través de la palabra hablada ya que la invención de la imprenta facilita la producción de materiales de divulgación, escritos en latín y ahora también en los idiomas nacionales. Circulan también infinidad de volantes y folletos con ilustraciones e imágenes que facilitan, a todas las personas, la comprensión de los debates.

El saber y el conocimiento depositado en sectores ligados a las elites, se amplía en relación al mensaje del Evangelio que ahora está al alcance de muchos más. Las ideas de la Reforma se extienden con una fuerza inusitada provocando un movimiento impresionante y convulsionando también la sociedad de su época.

Con respecto a la teología reformada es necesario decir que la relación hombre-Dios es personal, no está mediada por nadie ni por nada. En la cruz de Cristo, Dios ha dado su sí definitivo al ser humano pecador. En Él se cumplen todas las promesas, el amor de Dios manifestado como gracia absoluta es irrevocable. En la cruz se cumple el paso necesario para la Resurrección y la afirmación de la vida plena que constituye la denuncia del sufrimiento y el pecado y la derrota de las fuerzas de la muerte.

Esta obra de Dios en Jesús solo debe ser aceptada por el creyente para ser justificado por su gracia. Con esto se pone en cuestión el sistema legalista de la iglesia, la mediación del clero, de la institución y sus inventos arbitrarios. El Papa y la jerarquía de la Iglesia no pueden otorgar a nadie el perdón de los pecados ni sacar a las personas del purgatorio. Las indulgencias son solo un mecanismo (entre otros) de exacción del dinero que va a las arcas de la iglesia.

La teología protestante tiene decididamente un carácter anticlerical, anti jerárquico y anti autoritario. En 1520 en su escrito “La libertad cristiana”, Lutero expresa que “un cristiano está sujeto sobre todo al Señor y a nadie más que a Él, incluido quien escribe”.

El principio de la libertad cristiana fue el que inspiró y sostuvo a quienes apoyaron acciones en contra de un statu quo jerárquico, generador de profundas injusticias.

Recordemos que en 1520 Lutero rompe abiertamente con el Papa de Roma quemando la bula y los decretos papales y al año siguiente en el “Edicto de Worms” el emperador Carlos V proscribe a Lutero y sus seguidores, luego de que éste defendiera firmemente su convicción ante las autoridades imperiales, poniendo en riesgo la propia vida.

Thomas Muntzer, seguidor de Lutero, por lo menos al comienzo, inspirado en sus ideas, apoya y lidera decididamente a los campesinos en lo que se llamó la guerra de los campesinos. Sin embargo debemos aclarar que este sector del pueblo pobre, agobiado por la miseria, los impuestos, la falta de derechos, no tenía medios para una guerra, sino que, en realidad, fueron revueltas y levantamientos (entre 1524 y 1525) de las que participaron unas 300.000 personas y le costó la vida a más de 100.000. Estuvo inspirada en principios de igualdad y libertad, denunciando los abusos y expoliaciones por parte de los señores dueños de los territorios y de las administraciones que los beneficiaban. Fue una revuelta popular, tanto económica como religiosa de la que participaron campesinos, hombres comunes y hasta algunos nobles que vieron la posibilidad de levantarse contra la Iglesia y los príncipes.

Muntzer fue el líder teológico de este levantamiento inspirado en las primeras ideas de Lutero, sintiéndose continuadores del monje que en Worms renegó de un imperio y una iglesia que sostenían un orden social injusto y en crisis.

Nos preguntamos por el desafío para hoy de nuestras iglesias herederas de esos movimientos y su síntesis teológica que coloca a Jesús en el centro de toda la teología.

Si la cruz hace volar las estructuras injustas y por lo tanto pecaminosas, despedaza las jerarquías y privilegios que someten al ser humano, acaba con las mediaciones humanas, entonces nuestra responsabilidad como iglesias reformadas, lejos de estar acabada sigue con la misma vigencia que hace 500 años.

Dar testimonio del Evangelio mediante una práctica liberadora es asumir valientemente la necesidad de denunciar, de posicionarse críticamente frente a la violencia, la injusticia, el femicidio, la pobreza… asumiendo las consecuencias de una Palabra profética en el contexto histórico donde la Iglesia de Jesucristo esté inserta.

 

Mirelly Cardozo

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