Lee en tu Biblia: Mateo 15: (10-20), 21-28.

“¡Ah, mujer, tienes mucha fe! ¡Que se haga contigo tal y como quieres! Y desde ese mismo instante su hija quedó sana.” (Mateo 15, 28)

La fe de la mujer cananea que se acercó y desafió a Jesús a salir de sus cánones tradicionales, fue escrita en el Evangelio de Mateo para que no se olvidara y permaneciera siendo ejemplo para las generaciones futuras.

Jesús, en principio y según sus palabras, va a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Hoy sería la membresía alejada que no participa de las actividades de la iglesia.

Sin embargo la mujer extranjera, dispuesta a todo por salvar a su hija, insiste.

El género y la condición de las personas extranjeras, siguen siendo hoy dos motivos de discriminación.

“Primero hay que arreglar la casa propia”, se escucha por ahí, cosa que nunca se termina, porque “siempre hay cosas para hacer”. O también “vienen a quitarnos fuentes de trabajo”, “es mejor que se hubieran quedado en sus países”.

Y ¿qué decir de las mujeres? ¿Qué se haga como ellas quieren? ¡No, todavía no, es muy peligroso, vaya que ellas decidan incluso cosas que solo deciden los varones, o las estructuras patriarcales de poder, como lamentablemente todavía ocurre en muchas iglesias donde las mujeres son excluidas!

Jesús, en cambio, luego de dar lugar a que se sincere la situación de exclusión y rechazo que existe en su propio pueblo por esta doble condición de género y de etnia, reconoce y destaca la fe de la mujer que no se dio por vencida y reclamó lo que solo Dios y por su sola gracia es capaz de devolver a las personas: la condición y la dignidad de hijas e hijos suyos sin preeminencia de unos sobre otras. El apóstol Pablo lo expresaba de esta manera: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer, sino que todos ustedes son uno en Cristo Jesús” (Gálatas 3,27-28).


Pastor Hugo Armand Pilón


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