Hace poco leí en el libro Volverse Palestina de la escritora chilena Lina Meruane que “los palestinos continúan viviendo en el paréntesis(1). Ella toma la frase de un libro de Amos Oz, que yo no he leído. Y aunque no sé de donde proviene originalmente, o tal vez justamente por no saber de donde surge, no he dejado de pensar en esa frase, con congoja, por semanas.

Los acompañantes ecuménicos vivimos durante tres meses en distintas ciudades palestinas, entre palestinos, y entre israelíes también. Acompañamos a los palestinos a sus lugares de trabajo, vamos de la mano con los niños a sus escuelas, miramos que todos puedan acudir a rezar y acompañamos, en silencio y usualmente desde la distancia, a israelíes y palestinos (por lo general, juntos) que manifestan pacíficamente sus ansias de resistir no violentamente.

Nunca, en ninguno de esos tres meses, ni por un segundo, sentí que los palestinos estuvieran detenidos entre paréntesis, y digo “detenidos” porque siento que los paréntesis connotan inmovilidad.

Sin embargo, ahora que estoy otra vez afuera, y que los miro desde lejos, me doy cuenta de que en cierto modo la comunidad internacional ha metido a Palestina entre paréntesis.

Palestina es hoy un tema que está presente en las grandes cumbres de organismos internacionales, en las grandes negociaciones de variopintos temas, en los discursos más rimbombantes y en las buenas intenciones (personalmente, a esto no lo dudo) de gran parte de los estadistas mundiales.

Pero la verdad de la cuestión es que resolución tras resolución, discurso tras discurso y compromiso tras compromiso, cada día los palestinos tienen menos espacio para cosechar, tienen menos permisos para construir, tardan más tiempo en ir a trabajar, o a rezar, o a visitar a sus amigos, o a la escuela, o tardan más tiempo en tardar, simplemente. Y cada día son más y más los colonos que se asientan en tierras palestinas, son más y más los muros que se construyen y es menos y menos la posibilidad de lograr, en la práctica, una continuidad territorial de Palestina, un requisito ineludible, indispensable, para que el Estado Palestino sea fructífero y para que pueda llegar a amparar a toda su población, y no tan solo a toda su población… hasta el muro más cercano.

Este proceso parece iniciar un círculo vicioso, ya que luego de cada construcción de colonias, o de cada orden de construcción de colonias, vuelven a surgir las resoluciones, los discursos, los compromisos y la buena voluntad, que sin dudas está presente, ¿pero la realidad de los palestinos? Para la realidad de los palestinos, referirse al párrafo anterior, por favor(2).

A esto me refiero cuando digo que, para la comunidad internacional, los palestinos están en un paréntesis: es un tema “a resolver”, pero es un tema “a resolver” constantemente. Ya han pasado cien años de la Declaración Balfour, y ya son cincuenta años de ocupación. Y, sin embargo, seguimos enredados en el círculo vicioso.

Desde este punto de vista, y aunque sea muy triste decirlo, los palestinos están entre paréntesis. Están detenidos, ahí. Entre paréntesis, esperando que su situación “sea resuelta”. Pero esta no es la realidad de Palestina y no es la realidad de los palestinos que están en Palestina y que, día a día, resisten no violentamente para obtener sus derechos más básicos: desde su libertad de movimiento hasta el derecho a la autodeterminación de los pueblos.

Los acompañantes ecuménicos vemos a niños que desde el jardín de infantes deben atravesar checkpoints o distintas clases de controles establecidos por el ejército israelí, a diario, sólo para ir a la escuela. Todos hemos vivido días en que los pocos cientos de metros que separan a los infantes de su derecho a la educación se tornan en un aburridísimo viaje de horas debido a modificaciones inexplicables, de último momento, que les quieren impedir acceder a la escuela. ¿Y regresan a sus casas? ¡No! Porque en Palestina se ha dado el caso de que ir a la escuela, superar las barreras físicas y mentales y los miedos que les impone el ejército de ocupación, es una forma de Resistencia. Los niños palestinos aprender a resistir no violentamente desde que empiezan a ir a la escuela.

Es triste que se silencie la resistencia no violenta de los palestinos y de los israelíes que quieren que Israel abandone los territorios ocupados y que retroceda hasta las fronteras de 1967, como exige la comunidad internacional(3). Hoy en día vende mucho más un misil arrojado desde la Franja de Gaza, pero esa no es la realidad de toda Palestina. Palestina está resistiendo no violentamente, y a eso lo vimos con absoluta claridad durante el mes de julio de 2017, cuando en respuesta a un ataque de tres palestinos ciudadanos israelíes contra soldados israelíes, la Administración Civil israelí de Jerusalén decidió cerrar el ingreso a la Explanada de las Mezquitas/el Monte del Templo, además de más adelante instalar detectores de metales, cámaras de vigilancia y prohibirle la entrada de hombres menores de cincuenta años.

¿Por qué los palestinos resistieron estas medidas? Se pueden enumerar un montón de razones: porque es un castigo colectivo(4), porque Israel ocupa Jerusalén ilegalmente, porque las decisiones que afectan a la Explanada de las Mezquitas/el Monte del Templo deben ser decididas por el Waqf Islámico, que está a su cargo, porque nadie consultó a los palestinos, tal vez.

Las razones hoy sobran, pero la respuesta de los palestinos fue una: resistencia no violenta. Miles de palestinos, no sólo musulmanes, también cristianos, se volcaron a rezar en las calles. ¿Y la respuesta del ejército israelí? También fue una sola: represión a la resistencia pacífica, muertos por todos lados. Incluso, semanas después, se reprimió a los palestinos que salieron a festejar pacíficamente la muy acertada decisión de Israel de retroceder a la situación previa al 14 de julio y retirar toda clase de limitación a la entrada al lugar(5).

Pero Palestina, para los grandes medios de comunicación internacionales, también vive entre paréntesis, y por eso este masivo y honroso ejemplo de resistencia no violenta fue silenciado.

Pero no porque algo se silencie deja de existir.

Agustina Galantini
La autora fue acompañante ecuménica en Jerusalén, entre septiembre y noviembre del 2016. Las opiniones aquí vertidas son responsabilidad absoluta de la autora y no necesariamente representan al PEAPI Argentina o al Consejo Mundial de Iglesias.

1. Meruane, L. Volverse Palestina. Editorial Literatura Random House, Barcelona, 2015. Página 161.
2. También pueden consultarse los datos, actualizados constantemente, de la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios, www.ochaopt.org.
3. Resolución 242 de 1967 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, y sucesivas.
4.Los Castigos Colectivos están prohibidos por el artículo 33 del Cuarto Convenio de Ginebra.
5. Para más información: http://mailchi.mp/un/protection-of-civilians-weekly-report-4-18-april-543081?e=1e5230a5c9, Joyful Palestinian worshippers greeted with Israeli violence en: https://electronicintifada.net/blogs/maureen-clare-murphy/joyful-palestinian-worshippers-greeted-israeli-violence?utm_source=EI+readers&utm_campaign=51dd434046-RSS_EMAIL_CAMPAIGN&utm_medium=email&utm_term=0_e802a7602d-51dd434046-299186221 o Video: Israel attacks Jerusalem worshippers, https://electronicintifada.net/blogs/maureen-clare-murphy/video-israel-attacks-jerusalem-worshippers?utm_source=EI+readers&utm_campaign=abe0ee2851-RSS_EMAIL_CAMPAIGN&utm_medium=email&utm_term=0_e802a7602d-abe0ee2851-299186221

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Una respuesta a “PALESTINA ENTRE PARÉNTESIS”

  1. Liliana Pavletic dice:

    Excelente exposición!! Mucha sensibilidad y claridad en los conceptos vertidos!! Te felicito !!