Lee en tu Biblia: Mateo 16:13-20.

Cesarea de Filipo, ciudad situada al pie del monte Hermón. A los pies de la montaña un arroyo resplandeciente. En la montaña una cueva en la base de un gran precipicio. En el pasado los griegos habían nombrado a esta ciudad Panias, y habían situado allí un altar al dios Pan (dios de la naturaleza).

Jesús y sus discípulos llegan a esta ciudad en vísperas de la jornada hacia Jerusalén, jornada que terminará con su muerte y resurrección. Es el punto físico más lejano de Jerusalén en el que estarán Jesús y sus discípulos, ciudad donde Herodes el Grande construyó un templo blanco de mármol dedicado a Augusto Cesar. Es este lugar tan alejado física y espiritualmente del centro de la fe judía, donde Jesús decide poner a prueba a sus discípulos.

Por un lado, es una señal de la universalidad de la palabra de cristo, pero también, un lugar lejos de los otros proclamados mesías, donde Jesús y sus discípulos se encuentran sin ataduras para expresar su fe. Son estos proclamados mesías en los que la gente cree, es la respuesta de los discípulos a la pregunta de Cristo, momento en que queda marcado el punto de partida de lo que Jesús está intentando decir.

Existe un mundo hostil a la fe en Cristo, por lo que esta, para poder sobrevivir, tendrá que necesariamente ser fuerte. Y la fortaleza en Cristo no recae solo en la fe interior del individuo, sino en la exteriorización de la misma. De esta manera Jesús pregunta a sus discípulos: ¿Quién soy yo? El formato de esta pregunta es clave para entender lo que está sucediendo. Jesús no solamente está poniendo a prueba a los discípulos en este momento histórico, sino que más aún está probando a toda la iglesia, está probando la fe en comunidad.

Jesús es claro luego cuando manifiesta a sus discípulos que “no te lo reveló carne ni sangre, más mi Padre que está en los cielos”. La fe en comunidad es la comunicación de Dios con los humanos. No es Pedro quien responde, sino Dios atreves de él. Cuando exteriorizamos nuestra fe, cuando compartimos en comunidad, nos comunicamos con Dios.

Si miramos hoy nuestro mundo, podremos observar que no es tan diferente al mundo que rodeaba a Jesús. ¿Qué fe profesan las personas? ¿La fe en el dinero? ¿La fe en la guerra? ¿La fe en la represión que pondrá fin a todos los pesares humanos? ¿La fe en un conductor de tv que se dedica a vender productos? Más aún: ¿Con que ojos ve la gente hoy en día a la fe en Cristo? ¿Dudamos acaso que nuestros hijos y nietos no tengan vergüenza de admitir su fe en Cristo?

En un mundo donde el dinero se ha apropiado de todo, cualquier acto que responda a un interés diferente a este, es un acto de herejía. El individuo es señalado como ingenuo y marginado, mientras se premia al rico y poderoso por seguir las nuevas pautas morales. Tener fe en Cristo hoy en día, al igual que en aquellos días, es un acto de rebeldía. Pero no solamente tener fe, sino más aún expresarla. Jesús termina indicando a sus discípulos que no revelen que es el mesías, ya que esto deberá de revelarse mediante su crucifixión y resurrección. Pero hoy, aquellos que tenemos fe en Cristo, no debemos escondernos del mundo, sino al contrario, impulsar nuestra fe al mundo entero. Cuando expresamos nuestra fe en comunidad, Dios se hace presente, y con el mensaje de Cristo, su eternidad.

Raúl Talmón
Comunidad Valdense de Montevideo, Uruguay


Una respuesta a “UNA PRUEBA DE FE”

  1. Gus dice:

    Raúl ;
    ¡Muchas gracias!, en estos días justo estaba reflexionando sobre ello.
    No olvidemos que siendo señalados y quizás de entre los pocos, aunque muchos sean los oprimidos, somos levadura en el mundo.
    Buen fin de semana.