5 de junio de 1967 – Al Naksa (contratiempo o revés en español)

Una perspectiva pastoral

Se han cumplido 50 años de la Guerra de los Seis Días.1 Las guerras por lo general suelen dejar territorios divididos, muchos muertos, enfermos y una gran destrucción moral y espiritual, inclusive, en los bandos ganadores. En lo personal2, nunca estuve en una guerra; pero sí estuve corporal y espiritualmente en un pueblo ocupado y brutalmente asesinado como lo es el pueblo Palestino. La ocupación sionista3 del Estado de Israel sobre el pueblo palestino es un genocidio4.

Lo que muchas veces hemos escuchado, pero no hemos podido oír.

Algo habrán hecho. Algunas veces el odio carece de razones. Algunas veces el odio es una forma de justificar masacres y matanzas. Algunas veces, el odio, funciona como el motor que le da vida a la venganza, y desde allí, las razones carecen de sentido y las consecuencias son catastróficas.

El conflicto palestino-israelí es una disputa territorial que lleva casi 70 años en lo que respecta al siglo 20. Si indagamos, por ejemplo, en las fuentes bíblicas el conflicto lleva más de cuatro mil años y data desde los nacimientos de Isaac e Ismael (Génesis 16 – 22). Según esta tradición bíblica, Ismael (hijo de Abraham y Agar, la esclava) e Isaac (hijo de Abraham y Saraí, la libre) son las dos representaciones clásicas de dos pueblos: Ismael, el padre de la fe islámica e Isaac, el padre de la fe judía. Los hijos y los descendientes de estos dos hermanos serán, por lo tanto, primos y primas. Árabes y hebreos, palestinos y judíos, son por descendencia, primos y primas. Solo basta escuchar las historias de estos pueblos para conocer que hasta hoy existen relaciones de parentesco entre palestinos y judíos.

Hablar de paz y de armonía en relación a este conflicto es como querer instaurar la paz en una familia: el padre que no le habla al hijo, la hija que no le habla a la madre, la madre que habla con el padre para que hable con los hijos, los abuelos que hablan con los padres y madres para que no sean tan duros con los nietos, y así podría seguir la lista dependiendo de la composición familiar. No existe la paz absoluta. Existen los acuerdos que una y otra vez son traspasados por nuestra condición humana: el egoísmo. Nuestra insaciable condición de una y otra vez querer más y más. En este caso, la centralidad del conflicto, desde nuestro punto de vista, está enfocada en la cuestión de la tierra y del territorio. Hay dos pueblos que se disputan la soberanía sobre un territorio en común. Esta disputa está atravesada por intereses económicos, religiosos y socioculturales.

Por un lado, está el Estado de Israel, el cual, financiado y apoyado políticamente por varias potencias internacionales, entre ellas y primordialmente, Estados Unidos, opera impunemente sobre el pueblo palestino, saqueando tierras, imponiendo asentamientos de colonos al viejo estilo colonial, violando tratados y convenios internacionales a punta de balas y coerción psicológica y emotiva. Las fuerzas de seguridad israelíes (ejército, policía fronteriza, MOSSAD, entre otras) controlan sistemática y cotidianamente la vida de las familias palestinas y cualquier excusa puede ser un acto terrorista: niños y niñas con mochilas, taxis con más de dos árabes, madres embarazadas, ancianos en busca de trabajo. El foco de control se centra sobre los varones de entre 20 y 40 años, los cuales, según la perspectiva de seguridad israelí son potenciales amenazas para la seguridad nacional israelí en todo su conjunto social.

Por el otro lado, está el pueblo palestino. Un conglomerado de familias dispersas por Cisjordania y la Franja de Gaza. Muchas de estas familias llevan siglos viviendo en Tierra Santa5 y sus raíces son tan profundas como los árboles de oliva que ellos y ellas siguen cultivando. Palestina no llega a ser un Estado, es decir, no tiene plena soberanía sobre sus territorios por lo cual, no puede administrar sus recursos y bienes. La administración de los territorios palestinos está subyugada arbitrariamente bajo la soberanía israelí. Por ejemplo: si un palestino quiere obtener un pasaporte se lo debe pedir a las autoridades idóneas del Estado de Israel. De la misma forma ocurre con cualquier tipo de servicio público (agua, luz, gas, etc.), como así también el acceso a la salud, la educación y los servicios básicos que el estado debiera ofrecer (según nuestro pensamiento blanco y occidental). Palestina, y por tanto, los palestinos y palestinas que en ella habitan, son esclavos del humor y estado de ánimo de los y las israelíes.

Esta reflexión no es antisemita (ya que los palestinos son semitas6 al igual que los israelíes). Esta reflexión es una denuncia al sionismo internacional y al Estado de Israel como una máscara visible del mismo demonio imperialista y hegemónico.

Nuestra perspectiva pastoral es una perspectiva que denuncia profundamente a los poderes sionistas que están entramados en nuestras sociedades y atentan contra la salud y la coherencia de pueblos y naciones. Esta perspectiva es cuestionada y puesta a prueba.

Somos cristianos y cristianas. Seguimos y confesamos a Cristo vivo, crucificado y resucitado. El mensaje del Evangelio invita a poner en el centro de la historia de Dios a los excluidos y marginados de la historia del mundo. Es amor incondicional para aquel que sufre y necesita una mano. Es la medida de la justicia que pone en el centro de la historia al leproso, a la prostituta, al ciego, al mudo, al huérfano, a la viuda, al negro, al pobre, al palestino.

Esta reflexión no es maniquea y no quiere presentar un conflicto de blancos y negros, de buenos y malos, de justos y pecadores. Esta reflexión invita a afinar nuestros sentidos y dudar. Invita a observar la realidad teniendo en cuenta que los poderes del maligno operan en todos los tiempos y en todas las realidades.

Que el Dios de la vida nos dé el Espíritu y la sabiduría para no ser tibios. Que el Dios de la vida nos bendiga y bendiga las causas que pongan en el centro de la historia a los débiles y excluidos que sistemas socioeconómicos, culturales y religiosos vomitan como desecho innecesario.

“Curaste todas tus heridas con agua podrida le mentiste al diablo tres veces vendiéndole flores, y te llevaste en andas al ángel de los perdedores”.7

Jonathan Michel

El autor es vicario de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata en la Congregación Evangélica Mbaracayú en el Paraguay. Fue acompañante ecuménico en Tulkarem, entre diciembre 2012 y febrero del 2013. Las opiniones aquí vertidas son responsabilidad absoluta del autor y no necesariamente representan al PEAPI Argentina o al Consejo Mundial de Iglesias. Si se desea publicar la información de este artículo o su distribución por favor contactar antes a peapi.argentina@gmail.com o a EAPPI Communications Officer (communications@eappi.org) para solicitar su autorización. Para más información ver: http://americalatina.peapi.org/, https://eappi.org/en


1- Conflicto bélico entre Israel y los países árabes, principalmente, Palestina, Siria y Egipto.
2- Nuestra IERP apoya políticamente el PEAPI (Programa de Acompañamiento Ecuménico a Palestina e Israel), el cual forma parte de una serie de programas que dependen del CMI (Consejo Mundial de Iglesias). Entre finales de 2012 y principios de 2013 este servidor estuvo como Acompañante Ecuménico viviendo y actuando como voluntarios en la ciudad de Tulkarem en los territorios palestinos.
3- Sionismo. Definición. Cf. Pedro Bieger, “El conflicto palestino-israelí. 100 preguntas y respuestas”, Ediciones Capital Intelectual, Buenos Aires, 2010, pp. 19-21.
4- http://www.un.org/es/preventgenocide/adviser/genocide_prevention.shtml. Consultado el 20.07.17 a las 20:38 hs.
5- Jerusalén y sus zonas circundantes como centro religioso del Cristianismo, el Islam y el Judaísmo.
6- Semitas: los hijos de Sem, segundo hijo de Noé. Ver Génesis 6: 9:22.
7- Ángel de los perdedores, EL Soldado, “El tren de fugitivos”, 1999.

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