Apuntes de la Directora

Procesos para transitar

Berrinches por juguetes. Peleas de hermanxs. Discusiones por el control remoto. Malestares chiquitos y grandes entre amigxs. Conversaciones acaloradas sobre política, sobre la interrupción voluntaria del embarazo, sobre el feminismo, sobre la diversidad sexual, etcétera, etcétera. Diferencias… miles de diferencias.

El conflicto es parte de nuestra vida, es inherente a las relaciones humanas, pero nos cuesta mucho aceptarlo, incluso mucho más visualizarlo como una oportunidad de cambio, de crecimiento. Nuestro pensamiento binario y dicotómico nos lleva casi automáticamente a eliminar las diferencias, y nos exigimos tomar una posición: es blanco o negro, está bien o está mal. Esta reacción, culturalmente aprehendida, no admite un lugar donde se habilite y crezca el diálogo. Por ejemplo, imaginemos está conversación: Juan dice «Está lloviznando» y Julia responde: «No, es una lluvia finita». Ambxs hablan de lo mismo, pero Julia elimina el comentario de Juan anteponiendo ese tan importante y quizás imperceptible ‘no’. A mí me suele pasar lo mismo que a Julia, antes de dar mi opinión niego lo que dijo la otra persona, y siendo honesta me pasa bastante seguido. Es una costumbre muy molesta que trato de transformar.

Hay diversas formas de afrontar un conflicto. A veces nos esforzamos muchísimo para negarlo, otras tantas intentamos evadirlo, pero también queremos enfrentarlo sin saber muy bien cómo, incluso a veces de maneras radicales; pero lo cierto es que existe y tiene una dinámica propia: surge, quizás, por muchas ‘pequeñas’ cosas; intentamos solucionarlo de mil formas y no podemos, y de repente se soluciona como por arte de magia.

Personalmente, elijo creer que un conflicto no implica una posición sino una forma en que lo abordamos, porque no es un acto concreto que debe resolverse sino un proceso que debe transitarse. Pienso que no podemos negar a quien piensa distinto, tenemos que lograr encontrar el equilibrio donde podamos convivir, donde habilitemos y nos permitamos el disenso. Tampoco se puede negar a quienes intentamos escaparnos de las normas instaladas que nos dicen que hay que hacer lo que siempre se hizo, decir lo que siempre se dijo y ser como se debe; con todos los estereotipos y tipificaciones que esta dinámica refuerza. Y mucho menos, podemos negar el hecho de que todxs somos diferentes, únicxs y especiales; y que el diálogo sincero es una manera de ponernos de igual a igual.

Quizás el desafío siga siendo reflexionar sobre cómo abordamos las diferencias y de qué manera transitamos el conflicto para que sea una instancia de aprendizaje. Quizás debamos pensar en unx mismx, y desde esa perspectiva, qué podemos hacer con lo que nos toca vivir. Quizás podamos consolidar y fortalecer vínculos que sean sanos. Quizás podamos transformar nuestra mirada sobre el conflicto y verlo como una oportunidad de crecimiento, incluso visualizarlos como un motor de cambio. Quizás de a poco, con mucho amor y mucha empatía, podamos entender, que al fin y al cabo, buscamos lo mismo: una vida mejor para todxs.

Entendiendo que un conflicto es una oportunidad y no un problema… que Dios nos siga bendiciendo con muchos y variados conflictos. Que caminemos siempre de su mano.

Daiana Genre Bert

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