“La piedra que desecharon los edificadores
ha venido a ser cabeza del ángulo.
El Señor ha hecho esto,
y es cosa maravillosa a nuestros ojos.
(Mateo 21:42).

Este pasaje del evangelio no me resulta fácil, en un primer momento siento un rechazo porque en tiempos de Jesús, un propietario que se dedicaba al cultivo de la viña, generalmente era un campesino rico, pues el cultivo de las uvas era costoso. En aquel tiempo, era común que los grandes propietarios absorbieran los campos de los pequeños campesinos, haciendo de estos su mano de obra. Pero reflexiono un poco, y recuerdo que las parábolas de Jesús juegan con los sentidos, les otorga otro significado, y no se ata a lo que ocurre en la realidad. Ahí nomás, un capítulo antes, nos encontramos con la parábola del viñatero bueno, que a todos sus trabajadores les paga con un denario, más allá de las horas que hayan trabajado (20:1-16).

Este pasaje de hoy, tiene como contexto el ingreso de Jesús a Jerusalén. El horno no estaba para bollos, las autoridades religiosas lo tenían amenazado, y él no dudó en confrontar con ellos en su propio terreno, advirtiéndoles que los publicanos y las rameras están por delante de ellos en el reino de Dios (21:31). Esta parábola es un acto de denuncia porque pone en evidencia la intención de los sumos sacerdotes y los fariseos, de matarlo a Jesús, al igual que aquellos trabajadores asesinos.

Jesús, como los profetas, denunció a los poderes de su tiempo, y se puso a favor de los suyos, de los pobres, de las mujeres, de los niños, de los excluidos. Alrededor nuestro solemos hallar situaciones de injusticia y dolor, que nos desafían a levantar la voz. A veces, el miedo nos hace callar pero los problemas siguen y empeoran. Como cristianos y cristianas, estamos desafiados a tomar posición, más allá de la simpatía que tengamos con tal o cual persona o partido político, a riesgo de que nos encasillen, nos etiqueten, pero no nos desesperemos porque el evangelio de Jesús, nuestra piedra fundamental, es mucho más radical que cualquier propuesta política creada por las sociedades humanas.

Pastor Eduardo Obregón


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