Jesús es puesto a prueba constantemente por los grupos de poder de la época, tanto por los fariseos -quienes se mantenían estrictos en la obediencia literal de la ley de Moisés-, como los saduceos -clase sacerdotal dominante-.

Ambos grupos tenían diferencias en cuanto a algunas creencias, pero particularmente diferencias políticas. Las coincidencias eran que formaban parte de la clase aristocrática, privilegiada y que se mantenían en posiciones de poder y ambos estaban contra Jesús. Las leyes están por encima del amor para los defensores de la ley, lo están para quienes son parte de la clase privilegiada, son quienes las interpretan y son quienes las hacen cumplir. Para la clase dominante, el mandamiento más importante sólo corre porque está escrito en la ley mosaica, pero no se traduce en el cumplimiento de la ley de Dios en su más simple entendimiento, en la vida cotidiana, en el trato con la gente. Y los que siguen la ley no logran entender eso: Dios es amor, ese es el mandamiento más importante. Y es por eso que envía a su hijo para que comprendan que la ley de Dios es diferente, que el mandamiento más importante va junto con el segundo mandamiento que es el de amar al prójimo como a uno/a mismo/a, que no está encerrado en cuatro paredes y que no se trata de quién tiene más poder ni quién decide sobre los/as demás.

Voy buscando, preguntando, leyendo, pensando en esta situación y las estructuras sociales de la época de Jesús y me vengo hacia el hoy, hacia nuestro tiempo y pienso que sucede exactamente lo mismo, ya no con ‘la ley mosaica’ sino con respecto a los grupos dominantes, a los grupos que tienen el poder de imponernos la interpretación de la ley según ellos, de la clase política (y no tanto), de quienes creen en sí mismos y en que son los únicos capaces de ‘gobernar’ y ‘hacer cumplir las leyes’.

Dios nos quiere abrir los ojos, los oídos, el corazón, para que veamos a través de la vida de Jesucristo una forma diferente de interpretación de sus mandamientos. Es un mandato de amor, no de poder (el poder insano). Es un mandato de justicia a través del amor, es un mandato de creer que a través del amor es posible otro mundo.

“Cumple, Señor, tu promesa, venga tu Reino de amor y que el sol de tu justicia, venga a alumbrarnos, Señor” (P.Sosa-F. Pagura, C.A.)

Fabricia Malán


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