Lee en tu Biblia: Mateo 25,31-46.

Los versículos sobre los cuales reflexionamos constituyen la tercera parábola de Mateo 25, luego de la parábola conocida como la de las 10 vírgenes, que se preparan con sus lámparas para recibir al novio y entrar en la fiesta, y la de los talentos, que narra el viaje de un señor quien confía todos sus bienes a tres de sus siervos para que los administren hasta su venida. Ambas parábolas culminan con un juicio inapelable: la mitad de las doncellas son desconocidas por el esposo y se quedan afuera, uno de los tres siervos lo pierde todo por su negligencia e hipocresía. En ambos casos hay una ausencia que se prolonga, la del esposo y la del Señor, por tanto la mirada se dirige a la labor, la actitud de quienes esperan sin saber claramente cuándo se producirá la venida. La primera parábola se relaciona especialmente con el ámbito del festejo donde se consagra una alianza y la segunda con la responsabilidad de tener en las manos todo lo que el dueño ha confiado.

Las primeras comunidades cristianas, iluminadas por los relatos de la crucifixión y la resurrección de Jesús, viven su fe esperando ansiosamente el regreso del resucitado para consumar la plenitud de la vida abundante revelada por Jesús a cada paso en su ministerio. Cuesta asumir que Jesús demora en volver, por tanto, una dimensión especial del Evangelio consiste en exhortar a la perseverancia a los creyentes, a velar, a estar preparados/as, a ser responsables durante la “ausencia” de Jesús. Las parábolas ofrecen claves de discernimiento para saber qué hacer en el “mientras tanto” que, por supuesto, nos involucra hoy a nosotros/as en esta “aldea global” desgarrada por conflictos, injusticias y en nuestra propia “aldea” que es la iglesia valdense, y en nuestra propia “casa” que es la dimensión personal con sus vínculos.

Mateo 25, 31-46 constituye la expresión definitiva de ese “mientras tanto” pues en un escenario universal vemos llegando al hijo del Hombre (Jesús) con sus ángeles para juzgar a las naciones. Es como si la parábola nos proyectara velozmente al final de la historia, donde se prepara la declaración definitiva e inapelable del Hijo del Hombre. La imagen es impresionante, se produce una separación en dos grupos, ovejas y cabritos, distribuida en dos momentos o actos. Primero aquellos que son benditos por haber tenido actitudes solidarias con los necesitados. Son seis acciones simples: dar de beber, vestir, dar refugio, visitar… Lo excepcional es que esos gestos son reconocidos por el Juez como hechos a él mismo. La objeción de los aprobados expresa su desinterés en la ayuda: ¿Cuándo te vimos desnudo….?

El segundo acto condena a los rechazados por la falta de sensibilidad, incapaz de ver las necesidades y actuar en consecuencia. No son capaces de actuar como demanda la fe. La objeción: ¿cuándo te vimos…? plantea la separación entre quienes merecen la ayuda y quiénes no.

Aún no hemos llegado al juicio inapelable de Dios y convivimos en un mundo donde nos resulta complicado discernir lo bueno de lo malo; en ocasiones ambos crecen juntos. No nos toca juzgar como si fuéramos Dios, se trata de responder en las cuestiones esenciales y cotidianas donde se juega la vida. En los momentos ordinarios debemos ser capaces de reflejar nuestra fe en los gestos de solidaridad, sin ánimo de ser recompensados. Son estos gestos los que muestran la voluntad de bendición de Dios. Sin ellos nuestra fe es solo cáscara.

¡¡¡Tenemos tiempo para enderezar el rumbo y apoyarnos en el camino!!!

Pastor Juan Carlos Wagner


Una respuesta a “CLAVES PARA EL DISCERNIMIENTO COTIDIANO”

  1. Rosa María dice:

    Es muy importante para crecimiento espiritual llevar a nuestra vida la Palabra de Dios. toda mi familia de parte de mi madre fueron Valdenses.
    Vivo en Rosario aquí no hay templos Valdenses sería bueno tener aunque sea uno.
    Saludos y bendiciones.
    Rosa María