Lee en tu Biblia: Mateo 23: 1-12.

“…uno es el Maestro, el Cristo, y todos ustedes son hermanos” (Mateo 23,8)

Las autoridades religiosas y secuaces de las autoridades políticas habían estado detrás de Jesús, observando sus pasos, escuchando sus palabras, haciendo preguntas tramposas… Ahora tenían información y debían analizarla: ver cómo sacar del escenario a Jesús sin causar mucho revuelo entre el pueblo. Y en el mientras tanto, Jesús sigue caminando y conversando con la gente, invitando a la reflexión y desafiando a seguir la voluntad de Dios.

En el capítulo 23 del Evangelio de Mateo, nos encontramos a un Jesús que habla del comportamiento de las autoridades religiosas: dicen, exigen, señalan con el dedo, pero ellos mismos no hacen nada de lo que piden a los demás; hay falta de coherencia en sus vidas. Eso sí, marcan la diferencia con el resto: a través de sus vestimentas, a través de los lugares que ocupan y los discursos que dicen en los eventos públicos, a través de la exigencia de ser llamados “Rabí/Maestro”…Ellos son el centro de atención y su función (el anunciar la voluntad de Dios) queda postergada.

Los reformadores de todas las épocas, buscaron que la Palabra de Dios vuelva al centro de atención –predicando sobre ella, poniéndola al alcance del pueblo en un idioma que ellos entiendan…-, que el Dios misericordioso sea el que camine entre el pueblo –ese Dios cercano, ese Dios que abraza y consuela, ese Dios que no hace distinciones entre los seres humanos, ese Dios que quiere la vida abundante para todos y todas…-.

Jesús le dice a sus discípulos y al pueblo, que ellos tienen un Maestro que es el Cristo, y tienen un Padre que está en los cielos; que entre ellos –entre nosotros/as- somos hermanos y hermanas, no hay unos más cerca y otros más lejanos de Dios, y que si queremos ser grandes tenemos que servir a los demás.

En el centro está Dios, quien no mira lo que tengamos, digamos y hagamos para ser considerados y aceptados por Él. Él es nuestro Padre, nosotros sus hijos; Jesús el Maestro, nosotros sus discípulos; y entre nosotros hermanos sin distinción de ningún tipo. Una cosa se nos pide: que nos sirvamos unos a los otros, que nos pongamos a disposición del otro, que nos pensemos junto al otro, que no estemos encorvados sobre nosotros mismos velando sólo por nuestro bienestar. Seguir las huellas de Jesús…

Mónica Hillmann


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