Agustina Pons

En la arena las huellas de un campamento se borran en un día, en las personas quedan para toda la vida. El Parque 17 de febrero tiene más de 80 años y algunos acampantes fundadores reviven con el mismo entusiasmo anécdotas de fogón, o dichos de algún diario de campamento enriquecidos eso sí en el proceso de tradición oral. El campamento fue, pero la experiencia sigue, y no como una fotografía incambiada sino como recuerdo que vuelve a vivir cada vez que se evoca.

Esa semana imborrable no empezó ahí, hay todo un año de preparación para que lo sea. Agustina Pons es de Tarariras, estudia Educación Social en Montevideo y hace tres años que forma parte del equipo de “talleristas” del Parque 17 de febrero. Este grupo lleva adelante esta preparación que Agustina define como un verdadero proceso educativo colectivo y autónomo. De todo eso hablamos con ella luego del último taller 2017 a principios de diciembre. La letra escrita no alcanza a llevar el entusiasmo de los gestos, el brillo de los ojos, la inflexión de la voz, pero de alguna manera los muestra.

Cuestión de fe.- ¿Cómo llegás a formar parte del grupo de talleristas?

Agustina Pons.- En nuestro caso se da naturalmente. Es casi algo que acontece. Todos hemos sido líderes, hemos sido acampantes y cada uno va haciendo su proceso. No es una obligación ni se llega por votación, es más bien la respuesta a un llamado. Muchas veces el llamado llega a través del impulso de los compañeros que te dicen: “¿y para cuándo tallerista?” Pero claramente la decisión es personal

Ocurre lo mismo con la permanencia, uno deja de serlo cuando abre espacio a otro o siente que es mejor apoyar desde otro lugar. Es un proceso interior bastante complejo, no tiene reglas fijas. Somos conscientes sí de que es una tarea de muchísima responsabilidad que insume mucho tiempo y mucho compromiso que nos involucra enteramente.

C. de Fe.- ¿Y en tu caso ¿cómo fue?

A.P.- Yo comencé en la iglesia con la Escuela Dominical cuando tenía tres años. Siempre alguna salida de campamento de fin de año hacíamos. A los seis empecé a ir a los campamentos al Parque y nunca pude dejar de ir. Cuando cumplí 15 quise ir a los talleres para formación de líderes. Y comencé a participar de los campamentos desde ese rol. A los 18 empecé a ser tallerista.

Talleristas 2017. Los nueve años de esta modalidad son un mojón. Tiempo de mirar lo hecho y lo por hacer.

C. de Fe.- Uno ve la tarea asociada fuertemente a la idea de equipo.

A.P. – Sí, claro. Este año el grupo estuvo integrado por Santiago Wirth, Josué Charbonnier, Analía Long, Jesica Mazzo y yo. Pero esto es muy dinámico. Además podemos decir que ésos fuimos quienes estuvimos en el terreno pero hay otros, quienes fueron mis líderes, que ya no están al frente de los talleres pero siguen a la vuelta, apoyando. Cada año ingresa la generación que va cumpliendo 15 y van entrando no sólo los que participan ya de catecismo o de otros campamentos sino los mismos que van a los talleres de líderes y quieren ser líderes. Saben que tenemos como centro una propuesta bíblica, que hacemos educación cristiana, que lo nuestro pretende ser una tarea evangelizadora. Y se prenden. Eso me parece sumamente destacable.

C. de Fe.- Utilizaste una palabra muy fuerte para calificar la tarea de un líder de campamento: “evangelizadora”. Te confieso que me impactó.

A.P.- Es que es así. Quien participa de un taller de líderes en el Parque quizás lo hace en primer lugar pensando en los campamentos de la próxima temporada. Y con ese objetivo se desarrollan. Pero el proceso va mucho más allá. Casi siempre de ahí los chicos se enganchan para ir al catecismo, otros hemos ido a otros grupos y lugares de campamentos. Es una ventana hacia la comunidad más grande de la iglesia. A mí la educación cristiana es algo que me apela mucho y más al estar también estudiando como educadora. Este año participé del encuentro de Educación Cristiana que convocó la Comisión Sinodal. No sólo entonces se capacita y participa en los campamentos sino también en otros ámbitos de la iglesia. Es una tarea evangelizadora.

C.de Fe.- Este taller de principios de diciembre formó parte de un ciclo de formación.

A.P.- Sí. Normalmente se hacen cuatro talleres en el año. Y este año se hicieron. El primero es de bienvenida. Recibimos a los nuevos que llegan y presentamos la propuesta del tema que va a ser el centro de los próximos campamentos. Este año propusimos Apocalipsis. Vamos leyendo, vamos consultando, vamos haciéndonos de alguna bibliografía que encontramos o se nos sugiere. Es una etapa de acercamiento al tema. Un segundo taller lo hacemos en estos años con el apoyo de Néstor Míguez, pastor de la Iglesia Metodista, docente y biblista reconocido internacionalmente. Ése es un taller bien intenso. El año pasado tuvo como tema central “la gracia” y lo trabajamos básicamente a partir de la figura del apóstol Pablo. Allí participaron, porque se abrió la invitación, maestras de educación cristiana de las iglesias. Fue una propuesta muy interesante para ellas y para nosotros también porque nos permitió tener la mirada de quienes durante el año trabajan en educación cristiana. Después viene una etapa de sistematizar todo este contenido que es mucho porque Néstor no nos subestima para nada.

Pero hace que haya todo un trabajo para hincarle el diente. Néstor entiende muy bien la dinámica y la lógica de educación del Parque. Al segundo taller de este año sobre Apocalipsis lo inició con un juego en el que se disfrazó entendiendo el papel importante de lo lúdico en la educación. Él mismo nos animó a entrar en esto de la revelación que es el sentido de la palabra “apocalipsis.” Sus cursos son una invitación a pensar en un ida y vuelta muy interesante.

El tercer taller es el “taller del tema”. La idea es no sólo hacer un estudio sobre lo trabajado en el segundo, con la Biblia con los apuntes, qué queremos sacar de esto, qué es lo que queremos transmitir, cuál es la misión a partir de allí, que lo hacemos por supuesto pero además buscamos la vivencia de La Palabra. Creemos que ese contenido debe pasar por el cuerpo, donde deja marcas. Esto lo hemos trabajado mucho con la liturgia, con la celebración, con la vivencia de la comunión. Para nosotros es importante que todo eso no sólo se diga sino se aprehenda. En eso el grupo de talleristas tiene mucho trabajo. Nosotros facilitamos el escenario para que este proceso acontezca.

Llevamos una propuesta y a partir de ahí quienes participan construyen. Y en este énfasis en lo vivencial tratamos de rescatar todos los sentidos.

El cuarto taller, el que tuvimos a principios de diciembre, es el de práctica. Ahí el centro son los chiquilines. Es el tiempo de probar un juego grande que no hemos hechos y ver cómo puede salir, proponer nuevas reglas para facilitar que todos puedan jugar. Trabajamos muchísimo este año en los momentos devocionales, en la liturgia, un tema que teníamos en el debe. Marcos Berger y Marcelo Gonnet nos ayudaron mucho en su momento en este aspecto.

C.de Fe.- ¿Qué participación tienen estos talleres?

A.P.- En éste fuimos unas 50 personas contando a los cinco talleristas. En anteriores siempre fuimos entre 50 y 60. Vienen de Ombúes que hacen campamentos en Conchillas, de Palmares de la Coronilla en Rocha, del norte uruguayo que hacen campamentos en Bellaco, Río Negro. Por supuesto de acá. Hubo de El Chaco, Argentina. Es importante esta forma de compartir experiencias y distintas formas de hacer campamentos. Formas de hacer misión.

C. de Fe.- Misión. Otra palabra que me impactó aunque con lo que venimos conversando es claro que existe la conciencia de que los campamentos son parte de la misión de la iglesia

A.P.- Si. Claro. Eso lo remarcamos. Esta propuesta con el Apocalipsis pone el acento en la revelación, lo que se nos ha sido dicho, lo que hemos recibido y que no lo podemos guardar. No es si no es compartido. Se trabaja mucho el sentido de comunidad. Lo habíamos trabajado muchísimo con el episodio de la mujer samaritana en el Evangelio de Juan. Es ella la que tiene que contar al pueblo.

C de Fe.- La tarea y el rol de ustedes como líderes es muy importante. Son conscientes de cuánto lo son para los acampantes, para las familias

A.P.- Hemos trabajado mucho eso. Yo he notado a veces en quienes lo miran desde fuera, una desvalorización de la recreación, del juego. Como si fuera cosa de hacer cuatro pavadas, cuando en verdad hay una cuestión de mucho pensamiento y trabajo detrás. Hay trabajo desde el punto de vista educativo, bíblico. Y porque lo asumimos así pienso que alguien como Néstor Míguez que obviamente nos redobla en conocimiento bíblico, no nos subestima. Yo no he visto en otros lugares un proceso de educación tan autónomo y colectivo como el del Parque. Debemos valorarlo mucho. Yo, que estoy formándome en educación, no he visto un planteo así.

Nota publicada en el Boletín Cuestión de Fe, edición enero de 2018


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